Por: Misael Habana de los Santos
En estos días he visto cosas muy extrañas. Por ejemplo, la serie Cien años de soledad, que me gustó, aunque me quedo con el libro, que he leído tres veces, en tres distintas etapas de mi vida: de niño, de joven y de viejo.
También he visto la película Tétanos de Félix Salgado Macedonio. Sé que no puedo comparar una cosa con la otra, pero es mi referente en estos días de paradojas. Siempre trato de analizar todas las aristas de los objetos y sujetos, de tener la experiencia, sea cual sea y esté en las condiciones que estén. Pero me gusta verlo para poder criticarlo. Obviamente, Tétanos no me gustó; no es una película que promueva valores morales, sino más bien lo contrario.
Sin embargo, ese no es el tema de esta columna. Quise conectar estos hechos desconcertantes con otro, no menos surreal: la pista de hielo a pleno sol en el corazón de Acapulco.
Por eso mencioné Cien años de soledad. Al inicio de la historia, el coronel Aureliano Buendía, frente a un pelotón de fusilamiento, recuerda el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo que el “húngaro” Melquíades llevó a Macondo.
Para muchos acapulqueños, la experiencia de la pista de hielo al aire libre, en una explanada de cemento a más de treinta grados centígrados, será algo inolvidable. Algo parecido a lo escrito por Gabriel García Márquez. Para empezar, se trata de un deporte y una diversión fifí para quienes no tienen la posibilidad de ir a esquiar a Breckenridge, Colorado.
Además, en mi imaginario, Acapulco y el mítico Macondo comparten el mismo calor infernal. Cuando leí Cien años de soledad, tenía unos 15 años, y de inmediato lo vinculé con mi tierra: la costa, la forma de vida en la costa. Está bien el nombre que García Márquez puso a Macondo, pero bien pudo haber sido Collantes, Cerro del Chivo, Cuajinicuilapa o Santa María Huazolotitlán.
Así que, en Acapulco, cuando vi la pista de hielo en pleno Zócalo, completamente abierta, me pregunté cómo harían para lograr esa maravilla. Antes colocaron pistas de hielo en el Centro de Convenciones, donde funcionaban porque estaban cerradas y con aire acondicionado que preservaba el frío.
Hace tres días pasé por el Zócalo y vi a unos trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) trabajando en una de las jardineras donde hay un transformador. Les pregunté qué hacían y me respondieron, textualmente: “Esta chingadera no sirve”.
Eso fue antes de ver los resultados del daño. Creo que la culpa no fue del Ayuntamiento, sino de la compañía que instaló el servicio y de la CFE. El Ayuntamiento debería exigir responsabilidades a esas empresas y resolver el problema. No es justo aprovechar el error para hacer política. He visto en redes sociales a profesionales del antiabelinismo haciendo campaña y llevando agua a su molino.
Ahora, por supuesto, la alcaldesa tiene responsabilidad. Ella debe demandar a las empresas que dan el servicio eléctrico y a los dueños del espectáculo. Afortunadamente, la pista de hielo ya está funcionando en Acapulco.
El Pendón
Lo tradicional del Pendón parece ser irse a emborrachar. ¿Es ese el ejemplo que deben apoyar las autoridades? Una juventud alcoholizada que pasa por las calles cantando corridos de balazos, muertes y narcotráfico. ¿Eso debe ser promovido como expresión cultural? Creo que debemos reflexionar profundamente sobre este tipo de eventos.
El Pendón se ha convertido en la cantina más grande de Guerrero, con los resultados ya conocidos. Además, hay colusión de grupos del narcotráfico en torno a este evento, lo que lo convierte en un caldo de cultivo para la violencia.
Y como si faltara algo más, un funcionario del gobierno participa en la pachanga disparando balazos a diestra y siniestra en dos lugares públicos. Es detenido y liberado inmediatamente por su prepotencia e influencia. No es castigado, ni despedido, como debería ser.
¿Qué debemos preservar del Pendón como evento cultural?
Es necesario reflexionar sobre esta tradición, que se ha transformado por intereses políticos y económicos en la cantina más grande de Guerrero. Una fiesta que muestra la destrucción del tejido social en la capital del estado.
El incendio del mercado
Después de dos días de descanso, pasa lo inimaginable. Solo en Acapulco puede ocurrir un incendio en un mercado que ya se ha quemado tres veces. ¿Ustedes creen que fue un accidente? Cualquiera con un mínimo de sentido común sabe que fue provocado por grupos interesados en generar problemas.
Estamos en una grave situación de descomposición social. Se gasta dinero en cosas frívolas, como espectáculos, mientras se descuidan temas más trascendentes, como la contaminación de la bahía. Una vez más, la Cofepris informa que nuestras playas están contaminadas. ¿Qué hacemos al respecto? Ni empresarios ni gobierno toman medidas serias; en cambio, promueven fiestas, balazos y alegría, como en las viejas películas rancheras.
Reflexión final
Es momento de analizar lo que está ocurriendo, especialmente en fechas como la Navidad. Parece que a la gente no le importa lo que diga la iglesia, que llama a la paz y la convivencia.
Estamos en un punto crítico que requiere la intervención del gobierno federal con medidas urgentes, como la operación enjambre. Es necesario que especialistas en violencia, sociología y antropología nos ayuden a reflexionar, a explicar para buscar soluciones de grupos sociales que se van a pique.
