Misael Habana de los Santos
Primero, un abrazo agradecido a los compañeros de El Faro de Costa Chica y a los periódicos del interior del estado que reproducen estas columnas. Compartir periodismo es prolongar la conversación pública y, en estos tiempos de susceptibilidades epidérmicas, también las molestias.
Porque conviene recordar algo elemental: periodista que no incomoda termina de relacionista público.
Y para eso ya existen nóminas, oficinas de Comunicación Social y fotografías donde los políticos aparecen mirando hacia un horizonte que, misteriosamente, siempre coincide con la siguiente elección.
El periodismo pregunta. Y cuando encuentra una piedra, la levanta.Aunque debajo haya un Pargo.
Acapulco amaneció tapizado de Joaquín “Jacko” Badillo. Jacko en revistas, espectaculares, puestos de periódicos, bardas, lonas y camiones.
Falta abrir el refrigerador y encontrar al presidente de la Jucopo junto a lo calabaza o los rábanos.
Todo, se nos dice, con motivo de su informe legislativo.
Y uno, que conserva el feo vicio profesional de preguntar, pregunta:
¿Quién paga? Porque una cosa es rendir cuentas y otra convertir la rendición de cuentas en una operación de posicionamiento político.
¿Cuánto cuesta esta promoción? ¿Quién paga portadas, espectaculares, lonas y publicidad? ¿Son recursos personales, partidistas, legislativos o de dónde salen? Preguntar no es acusar.
Y tratándose del coordinador parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política, también vale preguntar qué opina su partido sobre semejante exposición cuando 2027 comienza a respirarse hasta en los semáforos.
Y otra pregunta: ¿Qué dicen las autoridades electorales? No afirmo que exista una irregularidad. Para eso están las instituciones.Pregunto si un despliegue de esta dimensión alrededor de un informe legislativo cumple estrictamente las reglas de promoción de los servidores públicos.
El asunto adquiere mayor contraste porque el Congreso de Guerrero enfrenta investigaciones por el presunto cobro irregular de cheques y falsificación de firmas.
Badillo ha dicho que será la Fiscalía la que determine responsabilidades.
Que investigue. Que pruebe. Que castigue a quien corresponda.
Pero mientras dentro del Congreso todavía flotan cheques, firmas y preguntas, afuera florecen los espectaculares de su presidente.
Peculiar sentido de las prioridades.
Primero habría que limpiar la pecera. Después presumir al Pargo.
Y aquí aparece el verdadero problema de Morena en Guerrero.
No necesariamente está enfrente. Está adentro.
La oposición atraviesa sus propias dificultades, mientras Morena debe administrar su abundancia de aspirantes. Todos quieren transformar Guerrero, preferentemente desde una candidatura.
Y algunos descubrieron las virtudes de la Cuarta Transformación exactamente cuando descubrieron que podía llevarlos al poder.
Porque cualquiera puede ponerse una camiseta guinda.
Más difícil resulta practicar aquello de no mentir, no robar y no traicionar.
Morena tendrá que decidir qué pesa más: las convicciones o los espectaculares; la trayectoria o las portadas; el compromiso político o la capacidad para aparecer hasta en la sopa.
Ahora viene la parte personal.
Me han enviado videos anónimos destinados a desacreditarme.
¿Me afectan?
Claro.
Uno es periodista, no refrigerador.
Pero una cosa es responder una columna con argumentos y otra esconderse detrás del anonimato, la edición maliciosa o la calumnia.
Y hago una precisión necesaria: no atribuyo esa campaña a nadie sin pruebas.
Presentaré la denuncia correspondiente y entregaré los elementos que tengo.
Que investiguen las autoridades.
No necesito inventar culpables.
A estas alturas de mi vida sería absurdo cambiar de oficio para complacer políticos.
He visto pasar gobernadores, alcaldes, diputados, senadores, aspirantes, suspirantes y cadáveres políticos que tres años después regresan perfectamente maquillados. Pero nunca había visto como hoy la vulgaridad y la maldad usadas al alimón para dañar a alguien.
El poder pasa. El archivo queda. Por eso seguiré preguntando: Quién paga. Cuánto cuesta. De dónde sale. A quién beneficia.
No es enemistad. Se llama periodismo. Y si alguna pregunta incomoda demasiado, existe un remedio sencillísimo: contestarla.
Porque los espectaculares pueden tapizar Acapulco y los anónimos recorrer las redes.
Pero queda una pequeña molestia, antigua y difícil de exterminar: la pregunta.
Y mientras haya preguntas sin respuesta, aquí seguirá este periodista levantando piedras.
Aunque debajo vuelva a aparecer el Pargo.
