Seis periodistas de The New York Times intentan reconstruir los momentos clave. El cómo Donald Trump decidió ir a la guerra con Irán. Ha sido un misterio, porque todos sabían, el mundo sabía que se daban avances en las negociaciones. Los reporteros encuentran un por qué y un quién.

“La aceptación por parte de Trump de una acción militar en Irán fue impulsada por un líder israelí decidido a poner fin a las negociaciones diplomáticas”, dice el medio estadounidense en su publicación. Y pocos asesores del Presidente expresaron su oposición.

El diario explica que la reconstrucción de estos momentos clave, previos a lanzar el ataque contra Irán, se basa en los testimonios de personas con conocimiento directo de las deliberaciones, así como de todos los bandos del debate, incluyendo diplomáticos de la región, funcionarios de las administraciones israelí y estadounidense, asesores de Trump, legisladores del Congreso y funcionarios de defensa e inteligencia.

Mark Mazzetti, Julian E. Barnes, Tyler Pager, Edward Wong, Eric Schmitt y Ronen Bergman inician su texto con una escena: cuando el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, entró en la Oficina Oval la mañana del 11 de febrero, decidido a mantener al Presidente estadounidense en el camino hacia la guerra.

“Durante semanas, Estados Unidos e Israel habían estado discutiendo en secreto una ofensiva militar contra Irán. Pero funcionarios de la administración Trump habían comenzado recientemente a negociar con los iraníes sobre el futuro de su programa nuclear, y el líder israelí quería asegurarse de que el nuevo esfuerzo diplomático no socavara los planes. Durante casi tres horas, los dos líderes discutieron las perspectivas de guerra e incluso las posibles fechas para un ataque, así como la posibilidad, aunque improbable, de que Trump pueda llegar a un acuerdo con Irán”, cuentan.

Y días después, el Presidente estadounidense dejó en claro públicamente que era escéptico respecto de la vía diplomática y descartó la historia de las negociaciones con Irán como simplemente años de “hablar y hablar y hablar”. Y cuando los periodistas le preguntaron si quería un cambio de régimen en Irán, Trump dijo que “parece que eso sería lo mejor que podría pasar”.

Entonces, dos semanas después, “el Presidente llevó a Estados Unidos a la guerra. Autorizó un vasto bombardeo militar en colaboración con Israel que rápidamente mató al líder supremo del país, destruyó edificios civiles y emplazamientos nucleares militares iraníes, sumió al país en el caos y desató la violencia en toda la región, provocando la muerte, hasta la fecha, de cuatro soldados estadounidenses y decenas de civiles iraníes. Trump ha afirmado que es probable que haya más bajas estadounidenses a medida que Estados Unidos se prepara para un asalto que podría durar semanas”.

“En público, Trump pareció tomar un camino indirecto hacia la acción militar, alternando entre afirmar que quería llegar a un acuerdo con el gobierno iraní y que quería derrocarlo. Hizo poco esfuerzo por convencer al público estadounidense de que una guerra era necesaria ahora. Y los escasos argumentos que él y sus asesores presentaron incluyeron afirmaciones falsas sobre la inminencia de la amenaza que Irán representaba para Estados Unidos. Pero entre bastidores, su movimiento hacia la guerra creció inexorablemente, impulsado por aliados como Netanyahu, que presionó al Presidente para que asumiera un golpe decisivo contra el gobierno teocrático de Irán, y por la propia confianza de Trump después de la exitosa operación estadounidense que derrocó al líder venezolano Nicolás Maduro en enero”, dicen los periodistas.

La decisión de Estados Unidos (EU) de atacar a Irán fue una victoria para Netanyahu, sostienen los periodistas, “quien durante meses había presionado a Trump sobre la necesidad de atacar lo que, según él, era un régimen debilitado. Durante una reunión en la finca de Trump en Mar-a-Lago en diciembre, Netanyahu solicitó la aprobación del Presidente para que Israel atacara los emplazamientos de misiles de Irán en los próximos meses. Dos meses después, consiguió algo aún mejor: un socio pleno en una guerra para derrocar al liderazgo iraní”.

The New York Times dice en su reconstrucción de hechos que pocos en el círculo íntimo del Presidente expresaron su oposición a una acción militar. J. D. Vance, el Vicepresidente, argumentó en una reunión en la Sala de Crisis de la Casa Blanca que, si Estados Unidos iba a atacar a Irán, debía hacerlo “a lo grande y con rapidez”.

La orden final

En esa misma reunión, el principal asesor militar de Trump, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, advirtió que una guerra podría causar importantes bajas estadounidenses. Días después, Trump declaró públicamente que su asesor militar se había mostrado mucho más tranquilizador. Escribió en Truth Social que el general Caine había dicho que cualquier acción militar contra Irán sería “algo fácil de ganar”.

“Otros funcionarios de la administración fueron igualmente engañosos en sesiones privadas con legisladores. Durante una reunión el 24 de febrero con el llamado Grupo de los Ocho —los líderes de la Cámara de Representantes y el Senado, y los jefes de los comités de inteligencia—, el Secretario de Estado Marco Rubio no mencionó que la administración Trump estuviera considerando un cambio de régimen, según personas familiarizadas con sus comentarios”.

Y tres días después, mientras volaba en el Air Force One a un evento en Corpus Christi, Texas, Trump dio la orden.

–La Operación Furia Épica está aprobada –dijo Trump–. Sin titubeos. ¡Mucha suerte!

Información: SIn Embargo MX

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