Desde los pasillos de la Cámara de Senadores, Félix Salgado Macedonio ha emitido un mensaje que busca despejar cualquier duda sobre su alineación política y su futuro inmediato dentro del movimiento de la Cuarta Transformación.
El senador guerrerense declaró con vehemencia que su compromiso no está sujeto a ambiciones personales, sino a las decisiones que emanen de la cúpula de Morena.
Enfatizó que su mística política, forjada en sus estudios de Ciencia Política y Administración Pública, le impide «complicar las cosas» o autoproclamarse para cargos futuros; por el contrario, aseguró que apoyará incondicionalmente a los candidatos y candidatas que el partido determine, subrayando que nunca ha expresado un deseo personal de contender, pues su lealtad es un activo que pertenece a la organización y a la voluntad del pueblo, a quien reconoce como su único jefe y soberano.
Esta ratificación de lealtad ocurre en un contexto de una aparente distensión tras los rumores de fricciones con la dirigencia nacional encabezada por Luisa María Alcalde.
El legislador fue tajante al desmentir cualquier enfrentamiento, calificando a Alcalde como una dirigente extraordinaria y digna de respeto, reafirmando que su relación con ella es excelente.
Salgado Macedonio reiteró su fidelidad tanto a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo como al expresidente Andrés Manuel López Obrador, presentándose como un soldado de la causa que, aunque posee un escaño asegurado hasta el año 2030, se mantiene a disposición de lo que el movimiento requiera de él, ya sea desde el Senado o desde la lucha social fuera de la estructura gubernamental.
Confesó que la altitud de la Ciudad de México ha hecho estragos en su salud, manifestando síntomas alarmantes como presión alta, mareos, vértigo y enrojecimiento ocular crónico.
Esta situación no es nueva, pues el legislador relató haber sostenido diálogos previos con López Obrador, a quien le expresó su desesperación diciendo que en la capital siente que «se muere», mientras que en Guerrero siente que «lo matan».
En aquel entonces, el expresidente le sugirió abandonar la actividad en la ciudad para preservar su bienestar, una recomendación que el senador ha extendido ahora a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien confesó su resistencia a seguir asistiendo al Senado, comparando su desgano con el de un niño que no quiere ir a la escuela debido al malestar físico que le provoca la altura y su fobia a los viajes en avión.
A pesar de este deterioro y del deseo manifiesto de retirarse, el «Toro» ha decidido postergar su salida por un sentido de responsabilidad legislativa y estratégica, al argumentar que su presencia es vital para mantener la mayoría calificada en votaciones clave y para conservar la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores para América Latina y el Caribe, la cual se perdería en manos de la oposición si él se ausentara prematuramente.
En un ejercicio de resistencia que él mismo describe como «sacar el surco» hasta el final, el senador anunció que aguantará el resto del año 2026 cumpliendo con sus obligaciones legislativas, pero fijó el año 2027 como el punto de ruptura definitivo, momento en el que planea separarse del Senado de manera temporal o indefinida para dar paso a su suplente, Arturo Pérez Pérez, y finalmente priorizar su salud frente a las exigencias de la vida política en la capital.
