Misael Habana de los Santos

En tiempos donde la guerra se vende como si fuera detergente —con eslogan, con sonrisa y con bendición incluida— alguien tenía que decirlo sin rodeos, sin incienso diplomático y sin permiso del Departamento de Estado: a Jesucristo no se le renta para justificar bombardeos.

La escena es de antología. Desde algún despacho con alfombra gruesa, el ex presentador convertido en cruzado, Pete Hegseth, decide elevar una oración —no por la paz, no por los muertos, no por los huérfanos— sino por “violencia abrumadora” en nombre de Cristo contra Irán. Como si el Evangelio fuera manual de artillería. Como si el Sermón de la Montaña hubiera sido escrito por un contratista militar.

Pero del otro lado del mundo, en Roma, donde aún resisten los ecos de una moral milenaria, el Papa León XIV soltó la frase que descompuso el guion:
“A Jesús nadie puede usarlo para justificar la guerra”.

Así, sin anestesia.

Y por si alguien no había entendido, el Pontífice se fue a Isaías —no a Twitter, no a Truth Social— para recordar que Dios no escucha a quienes tienen “las manos llenas de sangre”. Traducido al lenguaje de los halcones: no hay rezo que limpie un misil.

La respuesta no solo desautoriza la plegaria bélica; le arranca la sotana moral al discurso del Pentágono. Porque una cosa es la geopolítica —ese juego de ajedrez con cadáveres— y otra muy distinta es disfrazarla de cruzada divina.

El problema, como siempre, no es Dios. El problema es quién lo usa.

En Washington lo invocan para justificar guerras preventivas; en campaña lo convierten en asesor electoral; y en redes sociales lo editan, lo filtran y lo suben en versión HD para que bendiga drones. Un Cristo de utilería, domesticado, útil para el rating y para la pólvora.

Pero el Papa —este Papa que no parece dispuesto a quedarse callado— recordó algo incómodo: el Nazareno no repartía balas, repartía parábolas. No pedía “violencia abrumadora”, pedía poner la otra mejilla. Un pésimo estratega militar, dirían en el Pentágono.

Y ahí está el cortocircuito: cuando la religión deja de ser conciencia y se vuelve propaganda, cuando la fe se convierte en coartada, cuando Dios es citado como si fuera vocero de guerra… lo que queda no es espiritualidad, es caricatura.

Una caricatura peligrosa.

Porque si Cristo termina firmando ataques aéreos, entonces Judas podría ser secretario de Defensa y Pilatos jefe de prensa.

Y todo, absolutamente todo, quedaría justificado. Menos la risa.
Esa, por ahora, sigue siendo nuestra última defensa.

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