Por: Misael Habana de los Santos
El anuncio de lo que venía se dio originalmente en una conferencia mañanera. Bueno, ahí se concretó lo que la presidenta Claudia Sheinbaum había prometido cuando tomó posesión. Pocos morenistas eufóricos, en ese momento, le dieron credibilidad. Creyeron seguir burlando las reglas éticas del partido de AMLO como lo habían hecho durante su gobierno.
Y vino la formalización, a partir de la descarada participación de personajes políticos a lo largo y ancho del país —aunque tengan vínculos familiares, cuñados, sobrinos, esposas, lo que sea— con la gente que está en el poder en diversas posiciones, lo que obligó a la presidenta a anunciar esta famosa ley contra el nepotismo.
Esto forma parte de los compromisos que trae desde hace tiempo Andrés Manuel López Obrador: una exigencia popular que lleva años intentando frenar el tráfico familiar en la política, acabar con los plurinominales —que ahí siguen, nadie se atreve a tocarlos— y ponerle un alto a la reelección. Todo eso que la gente exige desde abajo: “No más privilegios, por favor”.
Pero bueno, algo es algo. Ya se avanzó en este sentido: por fin llegó la carta, la recomendación para cambiar el artículo 27 de los estatutos de Morena. La recibió el partido de la presidenta, el partido hegemónico… y lo soltaron en conferencia de prensa. Ahora habrá que ver quién se atreve a responder.
Porque, más allá de lo que digan los aludidos, lo importante no es lo que declaran. Es lo que hacen. En comunicación, esto lo sabemos de memoria: la distancia entre lo que se dice y lo que se hace se llama disonancia cognitiva. Y en la política tradicional, esa distancia es un abismo.
El nuevo político —ese que presume cambio, que encabeza AMLO o Claudia Sheinbaum— tendría que estar obligado a reducir esa brecha. Reducir la disonancia cognitiva entre el discurso y la acción.
El primero que respondió fue Félix Salgado Macedonio. Lo acosaron en redes después de la conferencia de Luisa María Alcalde, y salió en video: “No, pues sí, estamos de acuerdo, qué bueno que la compañera presidenta lo hizo”. Pues sí. Pero lo interesante sería verlo aterrizarlo. Que esto no se quede en un “sí, sí, qué bueno” y mañana anden igual: con los hijos, los cuñados y las amantes en la nómina.
Lo mínimo que uno espera es ver cambios en serio: menos camionetas de lujo, menos relojes de oro, menos Tesla. Que los diputados y presidentes municipales empiecen a practicar lo que pregonan. Aquí en Guerrero, bueno, Abelina López nadie la puede acusar de lujos. Al contrario, hasta le dicen que parece “chanda”. Sencilla, pantalones de mezclilla, su ropita modesta. Esa congruencia se agradece.
Pero hay otras y otros… ¿Han visto a la alcaldesa de Zihuatanejo? Parece modelo de revista, y no precisamente de Al Tanto Guerrero, sino de Nine o de las que desfilan por la Zona Diamante. No es de Morena, claro, pero para el caso da lo mismo. Son figuras de escaparate vendiéndonos “izquierda”.
Y luego están los que se suben a Tesla como si fueran al tianguis. ¿De verdad? ¿Esa es la austeridad republicana? ¿Esa es la lucha social? No han leído ni un folleto de la historia de la izquierda. Llegaron por accidente, revolcados por la ola, y piensan que se trata de acomodar a la familia y robar como siempre.
Pero ojo: eso está mal visto. Y ahora su propio partido lo dice. No sé cómo le van a hacer para justificar un estilo de vida fifí mientras Claudia Sheinbaum les exige congruencia. Si la gente ve que siguen igual, lo único que van a provocar es que les vuelvan a decir “lo mismo de siempre”: pura hipocresía.
Así que, por favor, ahórrennos el ridículo. No les pido que dejen de ser hipócritas —eso viene de fábrica—, pero al menos sean congruentes con el discurso que se colgaron: el de la izquierda, el del cambio verdadero.
Habrá que ver si ahora sí, Claudia Sheinbaum habla con la verdad y rompe la disonancia. Porque el tiempo de la simulación se agota.
