Por: Misael Habana de los Santos.

A menos de un día de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) diera un portazo en la cara a la Comisión Instructora del Congreso de Guerrero y a la Auditoría Superior del Estado (ASE) por el affaire “Abelina”, su titular Marco César Paris Peralta Hidalgo, se reunió este viernes con el magistrado Ricardo Salinas Sandoval, presidente Poder Judicial del Estado.

Esa reunión, aunque privada, tiene un valor público. No es sólo técnica o institucional: es parte de una guerra política por el control de Acapulco y de Morena en Guerrero rumbo a 2027. Si el poder judicial local y la ASE no pueden actuar ahora, al menos quieren dejar claro que no se han rendido. Y, de paso, ver si pueden cobrar la factura en otro momento.

El breve boletín difundido por la Dirección de Comunicación Social del gobierno del estado habla de un encuentro para dar “seguimiento al proceso de fiscalización de la Cuenta Pública 2024 del TSJ para garantizar una rendición de cuentas más eficaz”. ¿Ustedes creen que estén preocupados por la transparencia y la rendición de cuentas?

El boletín señala que Peralta Hidalgo felicitó al magistrado por su compromiso con el trabajo justo, que lo hace destacar entre los entes con mejor cumplimiento.

Dicen que fue en privado. Pero hay fotos, comunicado y testigos, los muros del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Guerrero.

Lo cierto es que, apenas unas horas después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación frenara en seco las acciones contra la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, el magistrado presidente del TSJ y el encargado de la Auditoría Superior del Estado (ASE) se vieron las caras. A puerta cerrada. A tono bajito. Como se reagrupan los operadores cuando el plan se les cae encima.

Y no es casualidad, ni reunión de cortesía. Ambos fueron colocados en sus cargos por el mismo dedo que bendice y ejecuta en Guerrero: el de Félix Salgado Macedonio. El mismo que hace campaña desde su curul en el Senado y que hoy —sin que lo diga abiertamente— quisiera repetir en 2027 el truco del poder disfrazado de candidatura. Pero esta vez el camino se le está enredando. La Corte no solo le dio aire a Abelina, sino que exhibió lo que muchos ya sabían: que la ASE y el TSJ se han vuelto instrumentos políticos de su voluntad.

La suspensión concedida por los ministros Javier Láynez y Yasmín Esquivel no fue cualquier cosa. Fue una bofetada legal a las prisas felixistas por sacar a la alcaldesa de la jugada. El mensaje fue claro: si hay acusaciones, primero se aclara la competencia de la auditoría. Luego vemos lo demás. Mientras tanto, ni castigos, ni revocación, ni linchamiento institucional.

Y ahí fue donde sonó la alarma en el campamento de Félix. El guion no estaba saliendo como se esperaba. La maquinaria había trabajado meses: informes, denuncias penales, promociones por responsabilidades graves, el Congreso calentando la guillotina… Y de pronto, la Corte les baja el switch.

Por eso, la reunión. No fue para revisar códigos ni para celebrar el día del abogado. Fue una junta de contención. Un “¿y ahora qué hacemos?” de alto nivel entre dos soldados del mismo general. Porque lo que se cayó fue más que un expediente: fue una estrategia completa para sacar de la contienda interna a la alcaldesa incómoda, la que no se deja, la que mide en encuestas y en memes.

¿Rediseñar la ofensiva? ¿Filtrar nuevos escándalos? ¿Explorar atajos administrativos? Todo eso pudo estar sobre la mesa. Porque si algo ha demostrado el felixismo en Guerrero es que no da una batalla por perdida mientras tenga operadores colocados y expedientes archivados. Y el TSJ y la ASE son justo eso: oficinas disfrazadas de legalidad que responden al mismo grupo político.

Claro, dirán que es coincidencia. Que fue una reunión “de trabajo”. Que no hablaron de Abelina ni del amparo ni de los 898 millones que la ASE jura que no fueron comprobados. Pero en Guerrero ya nadie cree en las coincidencias. Aquí todo se cocina a fuego lento… y en lo oscurito.

Mientras tanto, Abelina sigue en pie, blindada por la Corte y más viva políticamente que nunca. Y en la otra esquina, el grupo de Félix se lame las heridas y ajusta cuentas. Porque en la política tropical, el que pierde el pleito legal se refugia en el pleito político. Y esa guerra —la verdadera— apenas comienza.

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