Por: Misael Habana de los Santos
Para que no haya malos entendidos, dijo Félix Salgado Macedonio, él no anda trabajando para el 2027. No señor. Él no es de esos que se activan solo cuando huelen elecciones. Él —según dice— ha trabajado toda su vida por el pueblo bueno y sabio. Que no lo confundan con los “oportunistas” o “comodines” que solo se asoman cuando hay hueso a la vista. Ajá.
El problema es que el toro se enreda con su propio capote. Porque si alguien ha sabido aprovechar los tiempos electorales, esos vientos de promesas y ambiciones, ese es precisamente él. Un político de calendario, de campaña permanente. Un sobreviviente del viejo PRI, del PRD y del nuevo Morena. Un viejo político con ADN tradicional reciclado en la 4T.
¿Que no anda trabajando para el 27? Claro que no. Ya está trabajando para el 27 desde el 21, cuando convirtió su despojo como candidato en una cruzada familiar. Que no se nos olvide: cuando lo bajaron de la candidatura por denuncias personales y supuestas infracciones al código electoral, su hija Evelyn , la actual gobernadora de Guerrero, apareció como “la elegida”. ¿O fue casualidad? ¿Destino manifiesto? ¿La mano de Dios?
Félix dice que no es oportunista, pero su carrera está sembrada de momentos precisos en los que aparece justo cuando hay reparto. Fue alcalde, diputado, senador y casi gobernador. No gracias a su obra, sino a su estilo bronco, provocador y fiel al manual del charro del cine mexicano: victimización, espectáculo, redes sociales, populismo y un discurso que parece arrancado de una asamblea política en Iguala en los años setenta.
Y mientras él se desmarca de los que se activan solo por la elección, ahí está, reapareciendo en eventos, soltando declaraciones, recorriendo municipios y haciendo TikToks como quinceañero en campaña. Dice que no está en eso, pero su sombra se proyecta grande sobre el tablero de Morena en Guerrero. ¿A poco se le puede creer que anda de puro espontáneo?
Más bien parece que Félix está preparando el camino. No sabemos si para él o para algún otro miembro de la dinastía. Lo cierto es que el toro ya está en el ruedo, aunque jure que solo paseaba por ahí.
En Guerrero no hay vacíos de poder. Los llena quien grita más fuerte. Y Félix, con su voz de megáfono y su piel de toro viejo, ya está voceando. Dice que no está en campaña, pero sus ojos y acciones dicen otra cosa. Se ve su insatisfacción. Tiene sed de poder. Sed de más. Sed de vuelta. Sed de control ¡Quiere ser gobernador! Cree que el pueblo de Guerrero tiende una deuda con él: la gobernatura.
Así que no se equivoquen: cuando un político dice que no está en campaña, es porque ya está repartiendo puestos.
Y mientras tanto, Guerrero sigue sangrando.
