Por: Misael Habana de los Santos
Manuel Añorve Baños y Alejandro “Alito” Moreno viajaron a la capital del imperio, no para devolver el oro que España saqueó ni para pedir disculpas por las tropelías del PRI en México, sino para denunciar al gobierno que no les da hueso. Fue un viaje de turismo político con escala en la OEA, ese club de cancilleres y burócratas que sirve de coartada diplomática para que Washington meta las manos en el continente.
Allá, muy trajeados y con la sonrisa que en Guerrero solo usan cuando reparten despensas en campaña, se sentaron con Albert Ramdin, el secretario general de la OEA. Entre sorbos de café y discursos de manual, le contaron “la realidad” de México: que si la reforma judicial es “retrógrada”, que si la reforma electoral es “un fraude”, que si el gobierno se quiere apoderar del INE. Nada dijeron de los atracos presupuestales, las alcaldías saqueadas o la violencia incubada en sus propios feudos. En la narrativa de estos próceres, la democracia empieza y termina en sus curules.
El colmo fue oír a Añorve pontificar sobre “recuperar el rumbo” con seguridad, libertad y verdadera democracia. Palabras y compromisos grandes que en boca de ellos suena disonante , como la de esos que ven en la OEA un confesionario VIP para lavar sus culpas y regresar a casa con la foto de recuerdo, como si Ramdin fuera el Papa de la geopolítica.
Lo que no le dijeron al secretario de la OEA es que la inseguridad que “lacera” a México se fraguó con décadas de complicidad entre gobiernos priistas y narco, que las instituciones que hoy lloran fueron las mismas que ellos prostituyeron, y que en Guerrero, el terruño de Añorve, la palabra “democracia” se escribe todavía con sangre de campesinos, estudiantes, y de gente pobre que exige justicia.
La OEA escuchó, asentó, quizá sonrió para la foto. Luego guardó las notas en un cajón junto a otras quejas de políticos latinoamericanos en desgracia. En ese álbum de los derrotados, Añorve y Alito ya tienen su página. El problema es que no viajaron para defender a México: viajaron para salvarse ellos. Y eso, ni en Washington, ni en Acapulco, ni en el mismísimo salón plenario de la OEA, se llama patriotismo.
