Por: Misael Habana de los Santos
Hay dos temas urgentes de los que quiero hablar.
El primero es esa joya —supuestamente carísima— que un reportero del portal De MX dice haber descubierto en el cuello de la presidenta municipal Abelina López Rodríguez.
¿Quién habrá perdido la cadenita?
Según los cálculos de algunos medios —siempre bien dirigidos por prensa “especializada” e influencers con credencial de periodistas—, la prenda sería de una marca exclusiva, valuada en más de doscientos mil pesos.
Ayer, la presidenta fue abordada por reporteros y el asunto se convirtió en un festín para sus adversarios: los de siempre, los que viven al acecho en las redes o en las fuentes del Ayuntamiento, esperando cualquier tropiezo para armar ruido.
Yo creo que la prensa está para decir las cosas, sí, pero con pruebas en la mano.
En estos tiempos de fake news e inteligencia artificial, no me atrevo a afirmar si la cadenita dorada —con pendientes del mismo material— es auténtica o no. Era de metal brillante: podría ser oro… o acero inoxidable brasileño, quién sabe. De esas piezas que circulan por todo el mundo sin registro de marca, y que cualquiera puede comprar en una plaza comercial o por internet.
Hay quienes gustan de las marcas, de ese estilo de vida que se anuncia con colgantes y logos para exaltar el deseo de estatus… y de paso caminar por la ruta dorada de la frivolidad.
Pero lo cierto es que, si la presidenta quiere despejar dudas, debería aclarar el tema que tanto preocupa a sus detractores —la mayoría destetados de los recursos públicos municipales—: de qué está hecha la cadena, cuánto vale y quién se la regaló.
Porque si resulta cierto lo que dice el reportero —que cuesta 230 mil pesos— y además ella afirma que fue un regalo “del pueblo”, entonces podría haber ahí una irregularidad. Y si es así, el tema puede escalar al terreno legal.
Aquí tampoco Abelina , la presidenta de los acapulqueños, solo tendrá que salir al balcón y decir como Evita Perón, según la ópera escrita por Andrew Lloyd Webber y Tim Rice:
“Será difícil de comprender
que a pesar de estar ahora aquí
soy del pueblo y jamás lo podré olvidar.
debéis creerme
mis lujos son solamente un disfraz
un juego burgués nada más
las reglas del ceremonial”.
Nada de eso. La alcaldesa tiene que decir la verdad a los ciudadanos, que en parte ya lo ha hecho. Tiene que haber detalles.
Por eso el asunto debe aclararse con transparencia, sin rodeos, para que no quede flotando en el aire.
También hay que decirlo: puede tratarse de una guerra sucia más. Abelina ha sobrevivido a varias.
Ahí está Ramiro Solorio, promotor habitual de denuncias que le han servido más para sostener su regiduría que para iluminar la verdad.
Y otros, de distintos niveles y bandos… incluso el fuego amigo.
Aquí lo importante es decir la verdad.
Cada quien tiene la suya, pero hay que decirla.
En este caso, le corresponde a la presidenta mostrar hechos. Si es falso, desmentir con claridad; si es cierto, asumir las consecuencias.
Y a sus malquerientes, demostrar con pruebas cualquier falta que aseguren.
Las redes están encendidas: comentaristas locales, influencers y uno que otro “periodista” descargan su furia contra Abelina, quizá porque ya no corren los recursos públicos como antes.
Eso es evidente.
Y justo ahora que en China aprobaron una ley que exige título universitario para ejercer como influencer en temas especializados, uno no puede dejar de imaginar lo que pasaría si eso se aplicara aquí: medio gremio se quedaría sin chamba.
Así que, entre imitaciones de oro y noticias recicladas, lo que urge es información clara.
Presidenta, si la cadena “ni es de oro”, como usted misma respondió —“en el marco de mi cumpleaños me dieron regalos, y entre ellos venía esa cadenita que ni es de oro”—, dígalo con todas sus letras, muéstrelo y cierre el capítulo.
De lo contrario, el rumor seguirá dando vueltas y los golpes también.
Y bueno, el segundo tema que quería comentar es el Congreso de la Universidad Autónoma de Guerrero, junto con la participación del Gobierno del Estado y del Gobierno Federal en la reforma universitaria.
Un asunto delicado, potencialmente riesgoso, que debe resolverse con sensibilidad y con la ley en la mano.
Los diputados están bajo la mirada de todos, bajo el escrutinio público.
Hagan lo que hagan, hacia donde se inclinen, todo el mundo los está viendo.
Todos los están calificando.
El Congreso de Guerrero es hoy un Big Brother.
