Misael Habana de los Santos

Hoy los datos que presentó Fonatur —el Fondo Nacional de Fomento al Turismo—, encabezado por Sebastián Ramírez Mendoza, director general a nivel nacional, no son menores. Llaman la atención. Y la llaman fuerte.

Fonatur tiene presencia en casi todos los destinos turísticos del país. Pero lo que hoy importa es la diferencia. La diferencia entre lo que hace la Federación y lo que durante años dejaron de hacer los gobiernos locales, municipales y estatales.

El caso más claro se llama Acapulco. Y yo les pregunto a los acapulqueños que caminan todos los días la Costera Miguel Alemán:
¿ya notaron el cambio?

Ahí están las barredoras mecánicas. Antes no había. Ahora pasan como robots plateados, como máquinas del futuro en una ciudad que llevaba años viviendo en el pasado. Y sí, ya habíamos tenido maquinaria. Pero los gobiernos anteriores la desaparecieron. Igual que los recursos.

También hay barredoras de playa. Máquinas que escarban la arena, separan vidrio, colillas, basura. Tecnología básica, pero necesaria. Se presentó además una estrategia integral de limpieza y un nuevo modelo de gestión para las playas, coordinado por un comité de la Zona Federal Marítimo Terrestre.

Aquí un dato que muchos olvidan —o prefieren olvidar—:
desde la línea donde rompe el mar hacia tierra adentro, veinte metros son zona federal. No son del hotel. No son del condominio. No son del empresario. Son de la nación.

Pero en Acapulco, inmobiliarias, hoteles y dueños de condominios se han apropiado de esa franja como si fuera patio privado. Prohíben el acceso, sobre todo a la gente pobre. Esa ha sido la constante. Playas cercadas por el dinero, ocupadas por comercio ambulante desordenado y por supuestos prestadores de servicios que muchas veces ni permiso tienen.

Hoy quedó claro: lo que existen son concesionarios.

Y aquí viene el otro dato que pesa como ancla oxidada:
hay un adeudo de 448 millones de pesos.
De un total de 1,122 millones que deben los concesionarios.

Se sienten dueños. Tú les pides que se retiren y responden:
“Yo tengo concesión”.

Sí. Concesión.
Pero también deuda.

Cuatrocientos cuarenta y ocho millones de pesos.
¿Se imaginan lo que podría hacerse con esa cantidad por las playas y por Acapulco?

Y no es solo el impago.
Según la Comisión Federal de Electricidad, hay robo de energía.
Según CAPAMA, hay robo de agua.

Hay hoteles a los que la CFE les corta la luz y al día siguiente amanecen conectados otra vez. Como si la ley fuera una sugerencia.

Este es el tamaño del problema.

Ahora bien, la pregunta inevitable:
¿Acapulco está peor que antes de Otis o está mejor?

La jardinería está cuidada.
Hay maquinaria.
Hay limpieza visible.

Fonatur apenas tiene un año administrando esta franja casi autónoma de la ciudad, bajo control federal. Y en un año los recursos se ven. Se tocan. Se escuchan en el ruido de las máquinas.

¿Qué significa eso?
Que el dinero está siendo aplicado.
Que no se está evaporando en bolsillos ajenos.
Que cuando no se roba, alcanza.

Otro dato que incomoda:
del pago de concesiones, una parte importante debería regresar al estado o al municipio para reinvertirse —al menos un 20%.

Pues ni ese 20% aplicaron los gobiernos municipales anteriores. Vervi García, por orden de aparición escénica, Evodio Velázquez y Adela Román y de ahí hasta donde llegue la lista. Échenle cuentas hacia atrás. Desde Abelina hacia atrás.

Hoy dice Fonatur que Abelina permitió que el 100% lo cobre el gobierno estatal para integrarlo a un fideicomiso y que ese total se invierta en lo que determinen concesionarios y sociedad.

Y ahí es donde la marrana tuerce la cola. Porque los concesionarios —los mismos que adeudan millones— no querrán perder el control que han ejercido durante años. Concesiones que, por cierto, no son eternas.

Los focos rojos están en Puerto Marqués y Playa Bonfil. Ahí el problema de energía y agua es grave.

Ese es el reto para Fonatur.
Grande. Complejo. Con intereses enquistados.

Pero hay algo que no puede negarse: en un año se compró maquinaria, se ejecutaron recursos y la diferencia es visible.

Sí, hubo apoyo federal. Pero la pregunta correcta es otra:
¿por qué ahora sí se nota?
Porque no se están robando el dinero. Si esos recursos que hoy se aplican hubieran llegado antes…
quién sabe qué cuentas estaríamos sacando hoy.

Ahí dejo el comentario. Y que cada quien saque sus propias cifras.

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