Algunos críticos conservadores de oficio, sin oficio ni beneficio, reconocen el éxito del equipo de seguridad y lucha contra la delincuencia organizada que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero lo aceptan con la premisa de que hay un cambio significativo respecto a lo que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador en el sexenio pasado.
Yo diría que sí y no hay ese giro.. No, porque sigue basado en los fundamentos de la 4T, atacando los factores que originan la delincuencia, es decir, combatiendo las causas desde abajo, desde su raíz, para formar ciudadanos responsables.
Y sí, porque también se está impulsando la aplicación de la justicia mediante métodos científicos y técnicos más adecuados, en lugar de la absurda e ilógica guerra que emprendió el expresidente del PAN, Felipe Calderón.
Una guerra que solo generó más guerra. Por cierto, un expresidente de Filipinas acaba de ser sentenciado –desconozco cuántos años de cárcel, no sé si cadena perpetua– por la guerra contra el narcotráfico que inició en su país y que provocó miles de muertes. Creo que, si una comisión internacional juzgara a Felipe Calderón, el resultado podría ser el mismo.
Sí hay diferencias entre la política de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum y la del presidente AMLO. Son diferencias ligeras, pues el contexto actual del país y del mundo es distinto.
Hay resultados concretos, no solo por las presiones de Trump. Hemos dicho que defender a delincuentes o narcotraficantes no forma parte de los objetivos del programa social del gobierno de Morena, así como tampoco del PRI o del PRD, aunque los tengan dentro de sus filas.
El narcotráfico nos afecta a todos, no solo a la ciudadanía, sino también al capital, al gobierno y a todas las instituciones. Es el principal enemigo y adversario común para el desarrollo económico y la paz social.
La magnitud del problema, las noticias diarias sobre el hallazgo de fosas clandestinas en el país, son consecuencia de años de corrupción entre la clase política y la delincuencia.
Durante mucho tiempo, sin atender las causas en ningún momento, se permitió que cada quien hiciera y deshiciera a su antojo. Por eso hoy existen zonas de violencia en estados como Guerrero, Oaxaca y muchas otras regiones.
Sin embargo, la política de seguridad que encabeza Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, ha sido clave. Por eso está en ese cargo: porque es un técnico que conoce a fondo la lucha contra la delincuencia, con conocimiento jurídico y experiencia en inteligencia.
A la par, se sigue trabajando en los programas sociales para erradicar las causas que generan esta violencia. Así que sí hay diferencias y no. Sí, porque ahora se enfrenta también la innegable presión del exterior, como la posible aplicación de aranceles. Gran parte de estos dependerán de los resultados que se obtengan en la lucha contra el fentanilo.
Se espera que haya buenas noticias, pues este gobierno ha demostrado que no protege delincuentes, como se hizo en otros tiempos.
Si hay personas de izquierda involucradas con la delincuencia, deben ser denunciadas y procesadas. Deben ser investigadas y castigadas como cualquier otro ciudadano que cometa actividades ilícitas.
Así que el conservadurismo no debe hacerse ilusiones pensando que este gobierno cambiará de rumbo y volverá a entregarse a los brazos del neoliberalismo corrupto. No. La presidenta lo dejó muy claro en su discurso del domingo:
“Seguimos con nuestro proyecto. Estamos aquí para defender la soberanía nacional, y nada que atente contra ella será aprobado por este gobierno.”
Así que, señores conservadores, consérvense en su lugarcito, esperando que Estados Unidos nos invada, que aumenten los aranceles y que todo le salga mal a este país para que ustedes puedan ser felices.
Pero no les va a ir como quieren, porque hay un gran pueblo detrás de este proyecto de nación, que se está construyendo en su “segundo piso”, como dicen sus defensores.
¿Algo ha cambiado en la lucha contra el narcotráfico?
Sí, claro. Se ha intensificado por la necesidad del momento, el hartazgo social y las presiones externas. Pero, sobre todo, sigue manteniéndose el respeto a la soberanía nacional y el enfoque en las causas de la violencia.
Así que no se confundan. No crean que se va a regresar al pasado.
Sobre la eliminación de tareas escolares
Haciendo un punto y aparte, quiero comentar la “iniciativa” propuesta por una diputada de Morena en el Congreso local, Araceli Ocampo Manzanares, quien dijo que habría que eliminar las tareas escolares porque provocan estrés en los estudiantes.
Lo que de verdad provoca más estrés son las propuestas de esta clase política ignorante y desinformada. No se trata de prohibir las tareas, sino de integrar mucho más a los padres en el proceso educativo que realiza la escuela. Lo que hay que prohibir es que las tareas solo las haga Google.Y hay que reconocer que aunque las haga la plataforma pues algo se aprende. Diputada, las tareas de Google son como “los acordeones” de antaño. No pasa nada. Mejor hagan ustedes la tarea que les encomendó el pueblo.
Desde una perspectiva pedagógica, se puede debatir el tema, pero la tarea tiene una función social, educativa y pedagógica fundamental. Creo que a esta diputada le hace falta leer un poco. En gran parte, la crisis de nuestra clase política se debe a la educación que tenemos, donde a muchos no les importa el conocimiento real, sino la apariencia y el noble título.
Chequen el currículum de estos diputados y hallarán el origen de estas ocurrencias, mientras hay problemas mucho más graves en el estado, como el elevado costo del Congreso local, la corrupción en el Poder Judicial, el nepotismo electoral y administrativo… ¡Uffff! Que los diputados hagan su tarea con eficiencia.
Por: Misael Habana de los Santos
