Hoy todo el mundo anda empapado, por fin, de este drama narrado y sobreactuado por los medios de comunicación. Algunos, francamente, hasta cursis. ¿No los viste? Casi orando en la transmisión, como si fueran periodistas de estaciones católicas. En lugar de narrar las cosas con una perspectiva más laica, se dedicaron a profesar.
Tienen público. Y los razonamientos de las emisoras, de los medios, no se basan en la convicción, sino en otra fe más rentable: la del dinero. Y claro, eso da rating. Mucho rating.
Hoy presentaron al nuevo señor, al papa estadounidense—peruano, líder de la iglesia en la patria de Trump. El papa Robert Francis. Alguien que viene de una de las iglesias más conservadoras del mundo, sobre todo la Iglesia Católica del norte. Y también de un epicentro geográfico donde nacen, como hongos, religiones modernas que hacen negocio con el nombre de Cristo.
Para el anecdotario: testigos de Jehová, la Iglesia del Séptimo Día, adventistas, mormones, ¿cuál más? Todas esas iglesias que han hecho mercado en América Latina, creadas desde los intereses—meramente económicos—de los Estados Unidos. Pero Cristo no es propiedad de nadie, ni de los católicos. Cristo es de todos.
Todos han hecho negocios con eso. La iglesia, más que comunidad de fe, es empresa. Y si le echamos un ojo a la historia, cuando era romana, la cosa venía igual. La primera ruptura la provocó Martín Lutero, no por razones espirituales, sino porque Alemania quería apropiarse de la iglesia Vaticana. Y fundaron su propia iglesia, con su papa, los luteranos.
Después vinieron los de Loyola, San Ignacio, con otra reforma más… digamos, interesada.
Y si de ahí saltamos a Estados Unidos, nos topamos con la fábrica de religiones nuevas: los Testigos de los Últimos Días, los adventistas, y así. “La Luz del Mundo”, esa es mexicana, sí, pero no nace por la verdad, sino por el interés. Y su santísimo líder está preso en Estados Unidos acusado de corrupción y pederastia.
A la iglesia norteamericana… la conocemos. Cómplice de casos de abuso, encubridora, ajena al dolor de los pobres y cercana al confort de los ricos. No es precisamente la iglesia de los desposeídos.
Van a decir que el nuevo papa fue nombrado por influencia de Trump. Y mira que no suena tan loca la suposición. Esa iglesia tiene el mayor número de cardenales.
Pero si hablamos de democracia, hay más católicos en México que en Estados Unidos. Allá hay muchas iglesias, así que si la cosa fuera por representación… Argentina tiene diez cardenales. México, dos. ¿Dos, para cuántos millones de católicos? Júzguelo usted.
¿A qué responde eso? A intereses. A dinero. La iglesia pone más cardenales donde hay más ingresos. Así de claro.
Y además, no olvidemos que esa iglesia ha encubierto los peores casos de pederastia. Los escándalos más sonados, los más graves, han ocurrido allá, en los Estados Unidos.
Así que, roguemos al Señor que este tal Robert —que en su paso por Perú, alguna vez—se haya contagiado, positivamente, de la Teología de la Liberación.
Porque la Teología de la Liberación nació en Perú, en Lima, con Gustavo Gutiérrez Merino. Este teólogo influyó mucho en el papa Francisco. Robert es agustino, y los agustinos no son tan progresistas como uno quisiera. No son franciscanos, mucho menos jesuitas.
Pero ojalá, repito, ojalá que su paso por Perú le haya dejado algo. Que se haya impregnado de esa visión latinoamericana. Gustavo Gutiérrez Merino, el padre de la Teología de la Liberación. Muy respetado, muy leído.
Ojalá este nuevo papa se haya contaminado con esa ideología. Como canta Pedro Guerra: “Contamíname con tu música y tus cantos, con el amor…”
Y sí, las noticias no son muy alentadoras para la iglesia progresista. Para la iglesia que encabezó Francisco, la que habló de migrantes, negros, LGBT, y todos los que viven en “pecado”, según la iglesia conservadora que sigue gobernando con los ricos del mundo.
Esa iglesia que nos promete el reino de los cielos… pero allá arriba, no aquí abajo.
Muy distinta de la otra iglesia que dice: sí, el cielo, pero también la tierra. Que la gente coma, que tenga escuela, salud, que viva con dignidad. Esa sí es la iglesia del tal Jesús.
A mí me gustaría otro papa. Pero bueno, ya tenemos uno. Y esperemos que la programación en los medios cambie un poco. Ya basta de tanto desvelo, sobre todo de las beatas, que estaban desde la madrugada, en vivo, esperando el humo blanco.
La presidenta de esta República,
juarista, Claudia Sheinbaum Pardo, expresó:
“El pueblo de México, el gobierno de México, como es un pueblo laico… felicita a Su Santidad, el papa León XIV, como jefe del Estado Vaticano y líder espiritual de la Iglesia Católica. Ratificamos nuestra convergencia humanista a favor de la paz y la prosperidad del mundo.”
Y bueno, por el nombre podemos empezar a leerle la ideología. Se puso “León”. ¿Cuál fue el último papa León? No era precisamente de avanzada.
Juan Pablo II, por ejemplo, eligió nombres apostólicos: Juan y Pablo. Juan XXIII, uno de los más progresistas, impulsó el Concilio Vaticano II, donde germinó la Teología de la Liberación.
Francisco eligió a San Francisco de Asís, el rico que abandonó todo por los pobres. Por eso, Bergoglio se llamó Francisco. En homenaje al santo de la pobreza.
Y este señor se pone “León”. Conservador. Vamos a ver qué nos resulta. No nos vaya a salir más fiera que los otros Leones.
Por: Misael Habana de los Santos
