Ya se hizo tradición.
Catorce años llevamos organizando este evento. Y hoy, apenas nos estábamos desperezando, cuando llegó la noticia: cinco muertos. Y esto sin que arranque oficialmente la cosa.
Cinco muertos vinculados a accidentes de motocicleta.

Y usted, sí, usted que vive en Acapulco o que viene de turista sin moto, pues ya se dio cuenta: esta gente andan como locos. A pesar de los operativos, que sí los hay. Que si el casco, que si los papeles, que si el exceso de velocidad. Y sí, se multa. Se aplica el reglamento de tránsito.

¿Pero se imagina usted —sí, usted— que con reglamento aplicado tengamos ya esta cifra?
Una mujer atropellada hoy. No sé la edad. Una mujer arrollada por un salvaje sobre una moto. Y luego están las imágenes: hordas de tipos haciendo piruetas, luciendo sus habilidades sobre la máquina, presumiendo motor. Imágenes llamativas, sí. Pero peligrosas. Muy peligrosas.

Yo creo que ya lo notó: esto es un peligro potencial para todos.
Así que cuídese. Si no tiene necesidad de estar aquí, viendo estos excesos, estas borracheras, el desorden, la droga, el desmadre que se arma en torno a esta supuesta disciplina —que de deporte no tiene nada—, pues no se arriesgue.

Y yo digo, ¿por qué no hacer una consulta? ¿Por qué no votar, los acapulqueños, después de este carnaval de ruido y humo, si realmente queremos este tipo de eventos? Que se exprese la sociedad. No solo los que tenemos micrófono, no solo los “amargados” —como nos llaman—, sino todos. Y civilizadamente decidamos qué tipo de turismo queremos.

Porque esto de andar recibiendo hordas de motociclistas en plena Costera… ¿es lo que queremos? Porque bien podrían irse a otro lado. A un lugar abierto, amplio, donde tengan espacio para hacerse daño entre ellos si quieren. Están en todo su derecho de lastimarse. Pero sin arrastrar a terceros.
Sin víctimas colaterales.

Esto lo deben decidir las autoridades municipales, las de turismo, los que dicen pensar en el bienestar del puerto. Y preguntarnos, sí: ¿qué turismo queremos para Acapulco? Porque a muchos acapulqueños no les gusta este espectáculo. A muchos, no a todos. Porque también los hay que sacan su motito, su Itálica, y ahí andan haciendo el ridículo, jugando a que son parte del show, del montaje, del rugir de motores y la testosterona desbordada.

Y ni hablar de la otra parte del espectáculo: la chica hipersexualizada, en tanga, subida en la moto como trofeo. Todo ese cliché importado del cine gringo, de los Easy Rider, de la cultura del escape y el desmadre.

Así son los bikers. Y no, no todos estamos de acuerdo.
Por eso: sométanlo a consulta. Que decida el pueblo si este es el turismo que queremos.
Porque mientras tanto, lo padecemos.

Ojalá el número de víctimas no aumente.
Ya tenemos bastante con los muertos diarios por la violencia ordinaria. Y ahora llegan los motociclistas a sumar más números a la estadística. Para que nos sigan colocando en los primeros lugares… no del turismo, sino de la violencia.

Aquí dejo mi comentario.
Cuídese.
Y si puede, quédese en casa.
O váyase tantito.
Váyase a los pueblos de la Costa Chica o de la Costa Grande.
Ahí también hay mar.
Y hay paz.

Y dejemos la ciudad… a estos bárbaros.

Por: Misael Habana de los Santos

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