Por: Misael Habana de los Santos
Fíjese usted: desde ayer circula un video y hoy se volvió nota. Es la declaración del ex presidente municipal de Acapulco, Alberto López Rosas, sobre el pleito que traen la Auditoría Superior del Estado (ASE) y la presidenta Abelina López Rodríguez. Me llamó la atención la altura política —y jurídica— de Alberto, que más que militante de Morena, es un abogado de respeto. Distinguido, diría yo, y no por cortesía, sino porque sabe de leyes y no se esconde para decir lo que piensa.
López Rosas salió al frente y cuestionó la manera en que la ASE está usando la auditoría como arma para acosar políticamente a adversarios. Lo dijo sin rodeos, y eso se agradece. Aquí, en Al Tanto Guerrero, lo hemos señalado: no es que Abelina se niegue a ser auditada; el asunto es quién tiene la facultad de hacerlo. Los 800 millones que están bajo la lupa son recursos federales, y, por ley, quien debe revisarlos es la Auditoría Superior de la Federación (ASF), no la estatal. Hasta el momento, la ASF no ha dicho ni pío. Ni una observación. Nada. Eso, en el lenguaje de la burocracia federal, significa que no hay interés —o que ya se revisó y el asunto está cerrado—, pero no que haya robo o malversación.
Sin embargo, en redes sociales siguen repitiendo el mismo cuento, como si fuera mantra de guerra sucia. Y hoy apareció otro capítulo: Jacko Badillo, sí, el mismo diputado de Morena que hace unas semanas propuso la pena de muerte para pedófilos, se volvió a subir al ring. En una nota de Televisión Azteca, Jacko insinúa —sin pruebas, claro— que Abelina “se robó” 800 millones. A ver, primera pregunta básica: ¿cómo demonios te robas 800 millones de la federación sin que la federación intervenga? Segunda: ¿desde cuándo Televisión Azteca es fuente de veracidad ?
Lo dicho: esto parece una campaña bien financiada para dinamitar la imagen de Abelina. ¿Quién la paga? ¿Jacko? ¿Ramiro Solorio? ¿Alguien más de la fauna política que le tiene hambre? El patrón se repite: notas tendenciosas, datos a medias, micrófonos dispuestos, dinero público detrás.
Lo escribí hace unos días y lo repito: la prisa por frenar a Abelina tiene que ver con que sí tiene estructura política —y bien organizada—, a diferencia de otros que presumen poder pero no tienen base real. Y en elecciones, la estructura lo es todo. Ahí está el miedo.
Otro capítulo: mientras en Guerrero nos seguimos devorando entre auditorías y campañas negras, en la mañanera de hoy Claudia Sheinbaum tuvo que responder a un tema que huele a pólvora: ayer, Donald Trump, ya como presidente constitucional de Estados Unidos, firmó una orden ejecutiva para que sus fuerzas armadas puedan perseguir a los cárteles mexicanos fuera de su territorio, incluso en México. Sheinbaum contestó sin titubeos: “no habrá invasión de México, si a eso se refiere”. La respuesta busca calmar las aguas, pero la medida de Trump no es un simple gesto de campaña: es un acto oficial, con todo el peso político y militar que eso implica. Y cuidado, porque decisiones así pueden provocar un repunte del nacionalismo en México, sobre todo si se percibe como una violación a la soberanía. Lo paradójico es que, mientras en Washington hablan de intervenir para “protegerse”, aquí en Guerrero seguimos usando las instituciones como garrotes electorales.
Por eso reconozco lo que hizo López Rosas. Hace falta más gente con valor civil que se atreva a decir lo que ve, sin disfrazar el discurso ni pedir permiso. Porque la política guerrerense, como el mar de Acapulco, está llena de tiburones; y si no hablas, te comen.
