Los señalamientos de la presidenta Claudia Sheinbaum realizados este lunes en la mañanera del pueblo son graves.
El presidente de la República Andrés Manuel López Obrador siempre se caracterizó por hablar con la verdad, y por eso tuvo la popularidad que aún tiene.
La práctica continua. Por eso, quienes votamos por el proyecto de transformación también le creemos a ella.
Habrá quienes, con otras ideologías o sin convicciones compartidas, opinen distinto. Pero la mayoría que respaldó con su voto a Claudia Sheinbaum sigue creyendo en su gobierno.
La presidenta hizo un señalamiento delicado hacia la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE.
No se trata solo de una acusación, sino de una descripción precisa de lo que está ocurriendo, que incluso puede prestarse a malas interpretaciones.
Ya habíamos comentado la semana pasada que las demandas del magisterio son legítimas. Sin embargo, no todos comprenden —ni aceptan— los medios, los tiempos ni las estrategias que están utilizando, ni la coyuntura que están aprovechando para presionar por fines que, por cierto, son bastante justos.
Pero impedir la reforma judicial —una de las más importantes para este país— es grave. Sobre todo porque esta reforma enfrenta el rechazo de los grupos conservadores que quieren mantener intacto el poder más corrupto que ha tenido México: el Poder Judicial. Eso no se puede ignorar. Y preocupa que dentro de la Coordinadora se geste una oposición a esta transformación.
Hay muchos grupos al interior —y no hablo solo de los que están donde se ubica la CETEG—. Hay maestros de izquierda, comprometidos, honestos, que desde hace años luchan por una mejor educación. A muchos los conozco personalmente, incluso fueron mis alumnos en la Universidad Pedagógica Nacional. Pero también hay oportunistas que buscan beneficios propios, o que están siendo utilizados por partidos y poderes que quieren frenar el cambio.
Ya se avanzó en el Poder Legislativo. Ya se avanzó en el Poder
Ejecutivo. Ahora toca el turno del Poder Judicial, que durante décadas ha servido al narco, a los grandes intereses económicos y a los medios de comunicación que, más que educar, han contribuido a la estupidización del país —hay que decirlo con todas sus letras.
Por eso, los maestros, como agentes fundamentales de la educación, no pueden convertirse en un obstáculo para una reforma que fortalecería justamente lo que hacen todos los días en el aula. Los maestros de la Coordinadora necesita reflexionar, analizar la coyuntura y entender que este no es el momento para levantar esas banderas, por más legítimas que sean.
Los jubilados, por ejemplo, también necesitan un nuevo contrato social. Muchos se han retirado con apenas menos del 50 por ciento de su salario, producto de la reforma impulsada en los tiempos del calderonismo y el neoliberalismo. Claro que eso debe cambiar. Pero no ahora.
Los avances en materia salarial, el trato digno que el magisterio ha recibido en la 4T, no se pueden comparar con los años de represión, persecución y sometimiento que vivieron en gobiernos anteriores.
Es momento de pensar. Es posible —y necesario— bajar las banderas, con dignidad, para permitir que se realice la elección que transformará el Poder Judicial. Y luego, regresar, con fuerza y con argumentos, a seguir luchando.
Hay que hablar con los padres de familia, con las comunidades, con quienes confían en el magisterio. Hay que convencerlos: si queremos seguir transformando este país, hay que reformar el Poder Judicial.
Nadie debe quedarse en casa este 1 de junio. Hay que votar. Esta elección es difícil, sí. Se han colado personajes impresentables, también. Pero eso no impide la transformación. Yo mismo tengo dudas, me cuesta, pero llevaré mi acordeón —sí, ese que usamos para no perdernos en la boleta— y voy a votar.
Por eso, invito a los compañeros de la Coordinadora a reflexionar, a leer con calma el momento, y a esperar otra coyuntura más favorable para seguir empujando sus demandas.
Por: Misael Habana de los Santos
