Misael Habana de los Santos

La plaza central se volvió piel.
Piel pintada de historia.
Piel bordada de memoria.
Piel donde la noche aprendió a vestirse
con los colores de Santa María Huazolotitlán.

Para empezar: el evento se realizó frente al palacio municipal, arropado por muros que no solo sostienen techo y sombra, sino que cuentan —a brochazo indígena— la biografía íntima del pueblo. Entre máscaras, telares, gastronomía y color. Demasiado color. Pero necesario. Porque apenas alcanza para pintar nuestra identidad.

De fondo musical, la propuesta oaxaqueña de Ensamble Kafka, agrupación con sede en la ciudad de Oaxaca, encabezada por el músico estadounidense Steven Brown (fundador de Tuxedomoon) y el guitarrista oaxaqueño Julio García. Fusión de tradición y ruptura: bandas de viento oaxaqueñas dialogando con música contemporánea, jazz y texturas. Y, encima, un coro tenaz, melancólico, de zanates despidiendo la tristeza del sol de la tarde.

No fue pasarela.
No fue concurso de vanidades.
Fue un acto de reafirmación.

Nos invitaron a elegir el traje que representará a los huazolotecos en la fiesta oaxaqueña del Cerro del Fortín, este verano de 2026.

Huazolotitlán eligió su traje regional como quien elige espejo: mirándose sin maquillaje, reconociéndose ñuu savi, afrodescendiente, mestizo, moreno, chocolate, mezclado. Lo que somos. Lo que seguimos siendo.

La convocatoria emanó del Ayuntamiento que encabeza la profesora Agustina Gómez Torres.
Y a ella respondieron tres creadoras que pusieron el corazón sobre la mesa:
Aida Walls.
Mónica Nambo.
Marisela Gómez.

Tres miradas.
Tres maneras de leer el mismo territorio.
Tres alfabetos textiles dialogando bajo la misma luna.

Cada una desfiló no solo tela, sino historia.
Cada prenda traía abuela incluida.
Cada puntada venía con apellido invisible.

El juicio no fue capricho ni trámite.
Estuvo en manos del “maestro Misael Habana de los Santos” —como dice el protocolo y el currículum—, del maestro Luís Simón Martínez “Luvi”, de la maestra Mariela López Silva, la profesora Vilma López Gallegos y del extraordinario artista plástico Artemio Gómez.
Midieron algo más que costuras:
midieron raíz, coherencia, memoria y futuro.

La deliberación fue cerrada.
Casi ceremonial.El murmullo creció.
La plaza contuvo la respiración.

Empate en el segundo lugar: Aida Walls y Mónica Nambo.

Y el primer lugar recayó en el diseño de Marisela Gómez, que será el rostro textil de Huazolotitlán durante 2026.

No ganó una persona. Ganó una comunidad.

Porque aquí el traje regional no es disfraz ni souvenir: es documento de identidad. Es territorio portátil.
Es una forma de decirle al mundo:
aquí estamos y no nos borraron.

La velada terminó entre aplausos,
fotos,abrazos, celulares levantados como antorchas digitales.

Pero lo importante no quedó en el escenario. Quedó flotando en el aire esa certeza antigua: Mientras haya manos que borden, ojos que miren,
plazas que se llenen, Huazolotitlán seguirá eligiéndose a sí mismo.

Y eso, en tiempos de tanta amnesia,
es un acto profundamente político.

Cuando todo concluyó los trinos de los zanates continuaban cantando un coral minimalista, una vieja y nostálgica melodía conocida por todos aquí.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *