Misael Habana de los Santos

Lo que está haciendo Félix Salgado Macedonio es construir una doble narrativa: la jurídica y la política. Y en esa mezcla aparece el “galimatías” lingüístico que lo denota atrapado como el minotauro en su laberinto.

Por un lado, Félix dice algo jurídicamente cierto: la Constitución, hasta donde él argumenta, no le prohíbe automáticamente competir por la gubernatura de Guerrero. Es decir, sostiene que sus derechos político-electorales siguen intactos. Cuando afirma: “me asiste el derecho, la razón y la Constitución”. Está enviando un mensaje de fuerza política hacia adentro de Morena y hacia sus simpatizantes: “si quiero competir, legalmente puedo hacerlo”, dice envalentonado.

Pero inmediatamente aparece el segundo muro: el partido.

Morena ha aprobado lineamientos internos contra el nepotismo y contra las sucesiones familiares inmediatas en cargos ejecutivos. Ahí entra el problema político para Félix: su hija, Evelyn Salgado Pineda, gobierna actualmente Guerrero.

Entonces, el mensaje completo traducido al español terrenal sería algo así: “La Constitución no me prohíbe competir, pero Morena sí podría impedirme ser candidato por sus reglas internas”.

Y ahí está el verdadero juego verbal.
Félix intenta separar dos cosas: El derecho constitucional (“nadie me puede borrar como ciudadano”).
La decisión política de Morena (“aunque mi partido pueda cerrarme el paso”).

En el fondo, el senador está lanzando varias señales al mismo tiempo: Presiona a Morena para que no lo descarte automáticamente.
Mantiene movilizada a su base política.
Se presenta como alguien “con derechos vulnerados” si el partido le niega la candidatura. Y deja abierta la puerta a negociar.

El detalle más interesante es que su discurso también revela una contradicción típica de la política mexicana contemporánea: muchos liderazgos aceptan las reglas contra el nepotismo… hasta que esas reglas les afectan personalmente.

Por eso el discurso suena enredado.
Porque intenta defender simultáneamente dos ideas difíciles de reconciliar: “Tengo derecho constitucional a competir”. “Acepto que mi partido tenga reglas que prácticamente me bloquean”.

Es la diferencia entre poder ser candidato en teoría… y poder ser candidato en la realidad.
Al final despejaremos esta comedia de enredos , que en realidad es muy simple, y sabremos quién pudo más : sí el mensaje ético de Morena a la sociedad mexicana o los derechos ciudadanos de un político profesional.

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