Ahora resulta que desde donde se cuidan perros se dictan auditorías. Así lo dice, lo grita, lo denuncia la presidenta municipal de Acapulco, Abelina López Rodríguez, que una vez más se pone el rebozo de Juana de Arco tropical y convoca marchas, clama por justicia y señala —con dedo de fuego y boca de tormenta— a la Auditoría General del Estado, a la ASE, a la AGA, a la AFE, a las siglas, a las sombras, a los que no la quieren dejar gobernar en paz.
Abelina —esa misma que se ha declarado hija del polvo y del machete— asegura que la auditoría que hoy la acorrala es una farsa, una trampa, un acto de violencia política de género y, por qué no decirlo, un montaje con olor a cloaca. “¡Dolo!”, grita. “¡Cizaña!”, insiste. “¡Persecución!”, remata como quien sabe que en Guerrero los juicios se escriben con tinta invisible y los verdugos visten de traje y entran por la puerta del Congreso.
La historia empezó, según documentos, el 13 de marzo de 2024, cuando personal de la Auditoría General del Estado (AGE) se apersonó en el Ayuntamiento de Acapulco. No iban a saludar. No iban por agua. Iban por los 898 millones de pesos que, según el dictamen, no aparecen. Lo que en otras latitudes se llama peculado, aquí se llama “pliego de observaciones”. Pero usted y yo sabemos que en Guerrero eso huele a ladrón con placa.
El 5 de abril, la AGE citó a la presidenta para multarla. La cita fue directa: debía presentarse en persona. Nada de representantes legales. Nada de abogados. Querían su firma, su cara, su silencio. Y eso, en términos políticos, es declararle la guerra a una mujer que ya sabe lo que es pelear sola.
Y cuando parecía que el trámite iba para largo, le notifican el 14 de mayo… ¡en un domicilio particular! Como si fuera una criminal común. Como si no tuviera fuero, votos, pueblo. Como si lo suyo fuera un acto personal, y no una lucha política de poder, presupuestos y lealtades compradas.
Desde entonces, Abelina ha dicho lo que pocos se atreven: que en Guerrero la justicia es una cueva de podredumbre, que el Poder Judicial, local y federal, está peor que el basurero de Paso Texca. Que nada ha cambiado, aunque todo parezca nuevo. Y por eso presentó una controversia constitucional. Porque, según su equipo jurídico, la AGE no tiene competencia para auditar recursos federales. Esa es chamba de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), dicen. Pero en Guerrero, la ley es como los taxis: cada quien le pone su tarifa.
Y por si fuera poco, citan otra vez a la presidenta el 9 de octubre. Ahí, otra vez, el teatro del absurdo: quieren que entregue documentos, que se declare culpable, que diga dónde está el dinero. Pero ella responde con el viejo guerrerense “¡ni madres!”. Dice que darle información a la AGE sobre recursos federales es caer en ilegalidad. Y por eso no los reconoce. No los pela. No los obedece.
Todo esto ocurre mientras el puerto se cae a pedazos. Mientras las colonias claman por agua y seguridad. Mientras los turistas se pasean entre escombros de Otis y el “Plan Renace Acapulco” sigue siendo un PowerPoint sin presupuesto. Pero eso sí: las auditorías caminan. Las multas se acumulan. Y el silencio de los que mandan desde Chilpancingo —ese silencio que huele a pacto, a complicidad, a venganza— se impone como ley no escrita.
Por eso, Abelina ha llamado a una gran marcha. Porque, dice, “la razón no funciona en Guerrero”. Porque está sola, porque la quieren derrocar, porque el 2027 ya empezó y todos quieren el poder municipal. Porque en este estado, donde los perros aúllan desde las oficinas y los jueces ladran al mejor postor, la justicia es un animal que muerde según el amo que le pague el hueso.
Y así, entre auditorías de humo y persecuciones con sello oficial, se escribe una página más del desastre que es Guerrero. Aquí, donde todo se investiga, pero nada se castiga. Donde el verdadero delito no es robar, sino denunciar.
Y hoy mismo, desde la red social X, la alcaldesa volvió a encender las alarmas:
“He sido víctima de abuso de autoridad. Presenté controversia constitucional. Se viola el 79 de la Constitución. Y a pesar de no haber daño al erario, me acusan sin fundamento. Es persecución política y violencia de género. No me van a callar.”
La batalla apenas comienza. Y el hueso, como siempre en Guerrero, ya tiene dueño… aunque nadie sepa quién lo enterró.
Por: Misael Habana de los Santos
