Por: Misael Habana de los Santos
Aunque parezca de locos —y en Guerrero eso nunca es garantía de nada—, resulta que en la batalla anticipada por la candidatura de Morena al gobierno del estado en 2027, acaba de entrar un personaje inesperado: Ted Cruz.
Sí, el mismo senador tejano que huyó a Cancún mientras su estado se congelaba, que se rinde ante Trump como quinceañera con peluche y que en México sirve más como meme que como figura política. Pues bueno: Ted ha sido invocado desde lo más profundo de la 4T tropical, por nada menos que el hijo del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Con dedo flamígero, el primogénito escribió en la red X —esa red social donde se cuecen las futuras candidaturas y los resentimientos mal curados— que la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, y “la mayoría de los presidentes municipales de Guerrero”, tienen más “oficio político, conexión con su pueblo y sentido de responsabilidad” que el senador estadounidense.
Y remata con tono patriótico: “Dignidad y responsabilidad frente al oportunismo de Ted”.
¡Vaya comparación! Abelina vs Ted. La Juana de Arco de la Bahia de Santa Lucía frente al republicano del Capitolio. La morenista que grita “¡me atacan porque soy del pueblo!” frente al gringo que se esconde de los medios cuando el hielo paraliza Texas.
Pero más allá del folclor, el mensaje huele a otra cosa: respaldo presidencial encubierto. Porque mientras Abelina batalla con la Auditoría Superior del Estado, con los memes, con las lluvias y con los baches que se reproducen como gremlins, su adversario interno, el senador Félix Salgado Macedonio, afina su maquinaria mediática con rumbo a 2027.
Y esa maquinaria está engrasada, bien aceitada y blindada por el apellido. Félix no sólo se siente heredero legítimo de la 4T en Guerrero, sino que ya anda placeándose como el “hombre fuerte” que vendrá a poner orden después del ciclón, la anarquía y el desmadrito tropical.
Abelina, en cambio, juega a la resistencia. Su argumento favorito: la están queriendo tumbar por ser mujer, por ser de abajo, por no haber nacido en cuna de caoba. Y por eso, la intervención del hijo del presidente no es casual: la pone de nuevo en el mapa, la protege con el manto bendito de la narrativa presidencial y le dice, sin decir: no estás sola.
Es más, lo de Ted Cruz es un distractor con estilo. Mientras se arma la guerra entre la ASE y la ASF, entre la auditoría estatal y la auditoría federal, entre los que quieren cobrar facturas y los que ya no firman cheques, el foco se traslada a lo simbólico: ¿quién tiene más dignidad? ¿el gringo neoliberal o la edila de los cerros?
Y ahí gana Abelina. Porque el símbolo sigue pesando más que la cuenta pública.
Pero ojo: esto no es gratuito. En Guerrero ya se están moviendo las fichas rumbo al 2027. El felixismo no quiere sorpresas y Abelina representa la única figura que puede disputarle la plaza desde adentro. En este ajedrez de machete, todos los peones muerden y los alfiles disparan.¿Tiene aspiraciones políticas la gobernadora fuera del grupo de su padre?
Así que el tuit del hijo de AMLO no es una ocurrencia sabatina. Es un mensaje con destinatarios: A Félix, para decirle que no la subestime. A los operadores de Morena, para recordarles que la política también es narrativa. A los medios, para mover la conversación del “desastre administrativo” al “acto de dignidad nacional”.
Total, en estos tiempos donde lo que se mide no es la honestidad, sino la popularidad, comparar a Abelina con Ted Cruz suena más a estrategia que a chiste. Porque si el único criterio fueran las encuestas —como hoy parece serlo—, habría que preguntarse algo incómodo:
¿Con cuántos representantes se quedaría Morena en Guerrero si de honestidad se tratara?
Y si la respuesta incomoda, mejor reír. Como en Acapulko.
