Por: Misael Habana de los Santos
En la asamblea de ayer en Chilpancingo no fue cualquier evento. La presidenta nacional de Morena, Luisa María Alcalde, vino a decir lo mismo que ha repetido por todo el país, pero aquí sonó más fuerte: unidad, disciplina y no al nepotismo. Mensaje corto, pero con dedicatoria para Guerrero, donde las ambiciones familiares suelen reventar cualquier regla.
El recordatorio tiene nombre y apellido: Evelyn Salgado Pineda y su padre, Félix Salgado Macedonio. Ella gobierna, él sigue siendo la sombra mayor. La presidenta de Morena ratificó que en 2027 el partido aplicará la cláusula contra el nepotismo, aunque la reforma constitucional aprobada en el Congreso fija la obligación general hasta 2030. Morena se adelanta. La regla es clara: ningún familiar podrá heredar el cargo.
Félix estaba ahí y no se quedó callado. En público, dijo apoyar lo dicho por Alcalde. ¿Qué significa? Que reconoce las nuevas reglas, que no habrá herencia directa en Guerrero. Pero también que Félix sigue presente, que hay toro para rato, aunque ahora vestido de disciplinado morenista.
El peso de las encuestas y la oposición inexistente
Alcalde vino con un dato que todos repiten en los pasillos: Morena ganará en Guerrero, con quien sea. Según encuestas de Parametría y Enkoll de este 2025, Morena conserva más del 55 % de las preferencias en el estado. La oposición, PRI, PAN y PRD, juntos no alcanzan ni el 20 %. El verdadero rival está adentro: las tribus morenistas, los cacicazgos reciclados, las viejas mañas que se niegan a morir.
Por eso el mensaje cayó como bálsamo para Evelyn Salgado Pineda. Gobernar Guerrero sin las dudas de si habrá relevo familiar le da aire. Gobernar con reglas claras significa que quien las rompa sabrá a qué se atiene.
Abelina y el gesto
La otra figura en el tablero es la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, quien aunque no estuvo en Chilpancingo, mandó un guiño. En la conferencia de prensa del Air Show 2025, reconoció la juventud y el talento de la gobernadora. Palabras medidas, pero que en política local se leen como gesto de reconciliación.
En Guerrero hasta los halagos pesan. Y ayer Abelina los lanzó con la claridad de quien sabe que la unidad no es discurso, sino obligación.
El Air Show y los 14 millones del cielo
El mismo anuncio sirvió para detallar el regreso del Air Show de Acapulco, suspendido dos años por el huracán Otis. El espectáculo costará 14 millones de pesos. Tres días, seis horas de acrobacias sobre la bahía, entre el 8 y el 10 de noviembre. Dinero público, sí. Pero el gobierno estatal asegura que es inversión rentable: en la edición de 2022, antes del desastre, el evento atrajo a más de 200 mil visitantes y dejó una derrama económica de casi 400 millones de pesos, según cifras de la Secretaría de Turismo de Guerrero.
La promesa ahora es que esa derrama llegue no solo a hoteleros y restauranteros, sino también al acapulqueño de a pie, al que vende cocos en la playa y perdió su casa con Otis. La gobernadora incluso aseguró que el evento será anual. ¿Será?
Antecedentes: el nepotismo como deporte local
Lo que Alcalde vino a frenar no es una práctica menor, sino una costumbre vieja en Guerrero. El nepotismo ha sido casi ley no escrita. Ángel Aguirre Rivero, exgobernador, intentó en su momento colocar a su hijo Ángel Aguirre Herrera en posiciones clave, lo mismo que a sobrinos en la administración estatal. Rubén Figueroa Alcocer, cacique mayor, tejió redes familiares que aún pesan en la política guerrerense. Y más atrás, los cacicazgos priistas hicieron del relevo entre hermanos, primos o esposas una tradición de hierro.
En el caso reciente, el ejemplo es claro: en 2021, tras la cancelación de la candidatura de Félix Salgado por el INE, fue su hija Evelyn quien ocupó la boleta y terminó como gobernadora. Una jugada que dejó huella y que hoy justifica el endurecimiento de la regla: que lo ocurrido entonces no se repita en 2027.
Epílogo: las reglas para bailar la chilena
En resumen: Luisa María Alcalde vino a poner orden en la casa morenista guerrerense. Unidad sí, nepotismo no. La gobernadora respira. La alcaldesa manda señales. Y el pueblo, entre tanto, espera que de esas reglas claras caiga algún beneficio real.
Félix, el toro, dijo que acata. Pero todos lo conocemos: toro viejo que huele el ruedo desde lejos, político de calendario que nunca se jubila. Hoy se dice disciplinado, mañana quién sabe. Porque en Guerrero las chilenas se bailan con zapateado fuerte, y el toro, aunque diga que no, ya está marcando el ritmo para el 2027.
