Por: Misael Habana de los Santos
I. El expediente del agua
Hay nombres que emergen del fango burocrático como burbujas doradas: nadie los recuerda hasta que revientan. Uno de esos es (Cinthia sin la “y” y sin su segundo nombre se lee en la demanda) la mujer que consiguió un laudo laboral por más de 100 millones de pesos contra la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA).
Cien millones. No cien mil. Una cifra que, en un municipio quebrado y sin agua, suena más a botín que a justicia.
Todo comenzó el 30 de julio de 2001, cuando Cynthia demandó ante la Junta de Conciliación y Arbitraje su reinstalación, salarios caídos y prestaciones. Mostró una constancia de trabajo donde —según ella— ganaba 22 mil 624 pesos quincenales. En realidad, su sueldo era de 2 mil 700 pesos, pero el documento había sido alterado.
El entonces jefe de Recursos Humanos, Raúl Méndez Fernández, le extendió la constancia “de buena fe” para ayudarla a tramitar una visa estadounidense. Aquella hoja membretada se convertiría en el boleto dorado hacia un juicio multimillonario.
En ese tiempo, Gerardo Sierra Ulloa era director de la CAPAMA y César Varela Blanco, presidente municipal interino y también presidente del Consejo de Administración de la paramunicipal. El abogado Ramón Almonte Borja y su bufete familiar han llevado el caso desde el principio. El porcentaje máximo millonario que cobraría por este caso inmoral sería un poco más del 30 por ciento, es decir, más de 30 millones de pesos.
El proceso se volvió un laberinto judicial con falsedades, testigos fantasmas y procedimientos exprés. Hoy, el tribunal colegiado exige el pago de más de 63 millones de pesos —laudo que podría superar los cien millones con intereses y costas—, y ya se han intentado sin éxito embargar propiedades y cuentas del organismo.
II. De Joyas de Brisamar al Bienestar de Morelos
¿Y quién es esta mujer que en redes sociales se describe como “empoderada, resiliente y perviviente”?
Su biografía en Facebook es un mosaico de cargos y glamur político.
Fue funcionaria en la Secretaría del Bienestar Social y Valores del municipio de Cuernavaca, titular de Comunicación y Gestión Social, asesora de imagen pública y discípula del doctor Víctor Gordoa, el gurú del marketing político. En sus redes presume su paso por un Colegio de Imagen Pública, donde aprendió el arte de fabricar percepciones. Fue funcionaria del PRI en Morelos.
Cynthia predica con frases como: “La pervivencia es la capacidad de seguir adelante venciendo obstáculos, pese al tiempo, el dinero y los demás.”
En su caso, la frase suena más a sentencia que a inspiración.
III. El entorno Maganda: poder, escándalo y granadas
El apellido de Cynthia no se entiende sin mencionar a su pareja, Héctor Omar Maganda Salazar, exprocurador de Justicia de Guerrero y exagente del Ministerio Público Federal. Hombre del viejo priismo figueroísta, de cuando los hilos del poder pasaban por Rubén Figueroa Alcocer, se lee en el periódico El Sur,
En julio de 2005, su domicilio en Joyas de Brisamar fue escenario de un asalto con relojes Rolex, joyas y una camioneta robada. Tiempo después, en Zihuatanejo, dos granadas de fragmentación fueron lanzadas contra su casa, hiriendo a un policía. No era casualidad: el estilo de vida y los enemigos eran de alto nivel.
De ese círculo político —entre el poder y el escándalo— proviene Cynthia, formada en las aguas donde se mezclan influencias judiciales y favores políticos.
IV. El evangelio de la resiliencia
Hoy, desde Morelos, Pérez Suero predica educación emocional y cultura de la paz.
“Trabajemos juntos para crear comunidades seguras y solidarias”, escribe en sus redes, como si el expediente judicial fuera un asunto de karma y no de pesos y centavos.
Su discurso espiritual convive con un caso que sigue goteando sobre la moral pública. Mientras en los cerros de Acapulco la gente hace fila para llenar un tambo, alguien —bendecido por la burocracia— convirtió una constancia inflada en una mina de agua líquida y dinero sólido.
V. Epílogo: El costo de los principios
“Principios”, repite Cynthia en sus publicaciones. Ni una sola vez menciona la palabra honestidad.
Tal vez porque en su historia los principios fueron eso: el principio de un negocio.
Quizá su destino se selló el día que pidió aquella constancia “para la visa”. Hoy, mientras CAPAMA lucha por no hundirse, los abogados pelean por una fortuna que podría pagar años de agua potable para Acapulco.
Y uno se pregunta, mirando hacia el bufete que defiende el laudo y que su titular lleva años pretendiendo ser presidente municipal “de izquierda”:
¿puede alguien proclamarse progresista mientras asfixia a un organismo público con una demanda “legal fundamentada en una mentira”, una inmoralidad jurídica, que seca el futuro de una ciudad sedienta?
