Por: Misael Habana de los Santos.
En el Consejo de Morena se discutieron temas tan “trascendentes” como la propuesta de poner bajo observación —y casi en cuarentena— a quienes pretendan ingresar al partido. Entre ellos, ni más ni menos, se atrevieron a declarar “personas non gratas” a Mario Moreno y a Sofío Ramírez, que andan tocando la puerta.
Pero yo digo: si de revisiones se trata, Morena tendría que empezar con los ya infiltrados ennsu propia casa. Someter a estudio el comportamiento ético, moral y político de muchos de sus militantes. Porque hay algunos en los gobiernos estatales y municipales que ya no deberían estar ahí: no respetan los estatutos, ni las normas, ni mucho menos los principios de no robar, no mentir y no traicionar.
La autocrítica no se hace mirando la basura ajena, sino revisando la que se barre debajo de la alfombra propia. Y todavía hay quienes olvidan que millones dimos el voto a Morena con la esperanza de desterrar la corrupción, el nepotismo y la tranza, no para ver cómo esos principios se siguen rompiendo sin pudor. Por puro principio, quienes practican lo inmoral o lo antiético no deberían entrar… ni quedarse.
Claro, esta autocrítica que falta explica por qué tenemos, en buena parte del país, a los gobernantes que tenemos.
Pero bueno, ese es un tema. El otro: hoy vimos a compañeros que no pudieron asistir a la reunión programada con el INE en la Ciudad de México, alegando que no hay recursos para el viaje. Lo cual se entiende: distancia, tiempo, gasto… así que fueron a la delegación del INE en Guerrero. No sé si los recibieron, parece que no. Igual ofrecieron una conferencia de prensa para reiterar su inconformidad por las denuncias que les ha levantado el Instituto: violencia de género y, para rematar, inducción al voto.
Ojalá que esto se resuelva pronto. Yo, la verdad, creo que no pasará nada: la libertad de expresión está protegida por la Constitución. Y punto.
Y otro asunto: las declaraciones muy fuertes de la presidenta de la República contra Alito Moreno —o “halitosis” Moreno, como le dicen— a quien tachó de vendepatrias y traidor.
Aquí la pregunta: ¿nuestro senador Manuel Añorve Baños estará de acuerdo con lo que dice su amigo y líder? Porque yo siempre lo veo bien pegadito a Alito. La nota de la presidenta se refiere a Alito, pero en política, el que está al lado, callado, suele estar de acuerdo. Entonces, ¿respaldará Añorve todas esas posturas contra los gobiernos de la 4T que suelta “halitosis” Moreno?
Y mientras tanto, aparece Pablo Gómez con su propuesta de reforma electoral. Y aquí hay que decirlo: nuestra democracia no es un altar intocable. Está infestada de cacicazgos políticos dentro de todos los partidos, es una de las más caras del mundo, con diputados y senadores plurinominales que no representan a las minorías y un gasto obsceno de dinero público que los partidos usan para mantenerse gordos y satisfechos, sin rendir cuentas reales.
La reforma que plantea Gómez toca fibras sensibles: centralizar funciones, recortar costos, replantear la representación. ¿Es peligrosa? Sí, si se usa para manipular el árbitro. ¿Es necesaria? También, si de verdad sirve para desmontar esta democracia de escaparate que nos cuesta millones y no nos representa. El problema, como siempre, es quién la aplicará y con qué intención.
Porque si seguimos con el mismo menú de partidos que se reparten el pastel y se prestan la silla cada sexenio, cualquier reforma, por buena que parezca, acabará siendo un simple cambio de moño al mismo paquete de vicios.
La pregunta, entonces, no es solo si aprobar o no la reforma de Gómez. La pregunta es: ¿cuándo vamos a tener el valor de desmontar esta democracia que funciona como negocio de unos cuantos y reconstruir una que sirva para todos? Me parece que se ha iniciado el fin de los partidos como franquicias de caciques o de grupos.
