Por:Misael Habana de los Santos
¡Sí protesto!, gritaron con voz de trueno. Y el eco se expandió sobre la bahía como un rugido antiguo. El grito salió de una columna de honores: mujeres y hombres de cuerpos apolíneos, tostados por el sol de Acapulco, enfundados en uniformes níveos que contrastaban con la piel canela. Una escolta, un grupo comando, dos secciones de veintiún elementos y un comandante de secciones juraron lealtad ante la comandante suprema de las Fuerzas Armadas, Claudia Sheinbaum, quien presidió la ceremonia de entrega del primer ferry público que navegará entre la bahía de Santa Lucía y Puerto Marqués.
La embarcación, pintada con motivos acapulqueños —la Quebrada, los clavadistas, el sol ardiente—, de cerca no es tan fea como dijeron en redes sociales. Mucho menos que aquellos transportes privados que vimos desfilar en décadas pasadas: ¿se acuerdan del Fiesta, del Acá Tiki, del Acá Rey, del Hawaiano? Caros, inseguros y efímeros. Tampoco es , con sorna cruel, una caja de zapatos Panam- Doctor Simi flotante. Pero no: es modesto, funcional, de la categoría 3B —bueno, barato y no tan bonito—. Apenas un diseño inicial del equipo de la Secretaría de Marina. Falta exigir más para los siguientes prototipos.
El Marinabús, como lo han llamado, no es un lujo desmedido, tampoco un juguete turístico para selfies de ocasión. Es un respiro en un puerto ahogado en asfixia vial. Bueno, barato y no tan bonito: así empieza la travesía. Falta exigir más, porque Acapulco merece un transporte público digno, moderno y seguro, no solo un parche pintado de azul marino.
El mensaje presidencial
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encabezó la inauguración, el abanderamiento y la toma de protesta de la tripulación. Desde el muelle del Jardín del Puerto afirmó que la nave es símbolo de fortaleza y esperanza:
“Acapulco está de pie y su recuperación es un mensaje de esperanza para todo el país; ningún desastre es más fuerte que la voluntad de un pueblo unido con su gobierno. Hoy inauguramos el Marinabús y celebramos que el puerto está vivo, fuerte y lleno de futuro. Sigamos avanzando juntas y juntos, sigamos construyendo el Acapulco, el Guerrero y el México de justicia, de Prosperidad Compartida y de esperanza.”
La mandataria entregó la Bandera Nacional al comandante de la nave y supervisó la administración de la ASIPONA de Acapulco, anunciando que un 10% será rehabilitado y el resto no requerirá intervención. Todo dentro del programa “Acapulco se Transforma Contigo”, creado para rehabilitar la región tras el paso devastador de los huracanes Otis y John.
El catamarán en cifras
El ferry fue construido durante dos años en la Base Naval de Acapulco, con la participación de más de 130 trabajadores navales: ingenieros, contramaestres, aluminieros, carpinteros y albañiles. Originalmente estaba destinado a Puerto Salina Cruz, Oaxaca, pero terminó amarrado a la bahía acapulqueña. El vicealmirante Ramiro Lobato Camacho, entonces comandante de la Octava Región Naval, lideró el proyecto.
Los datos lo describen: 80 pasajeros y 11 tripulantes, 60 toneladas de peso, propulsión mecánica y una velocidad máxima de 12 nudos. Equipo de seguridad: 105 chalecos salvavidas, cuatro balsas para 25 personas cada una, extintores, bengalas, señales visuales, área de sanitarios y comunicación.
Las tarifas son escalonadas: 30 pesos para acapulqueños, 60 para visitantes nacionales y 160 para turistas internacionales. La primera ruta unirá el Malecón con Puerto Marqués en 35 minutos. Los horarios: desde el Malecón, a las 7:00, 9:30, 12:45 y 15:15 horas; desde Puerto Marqués, a las 8:15, 11:00, 14:00 y 16:30.
Un símbolo en el agua
Sheinbaum lo resumió en una frase:
“Este proyecto es más que un medio de movilidad, es un símbolo de la reconstrucción de la esperanza y del futuro que estamos construyendo juntas y juntos en Acapulco.”
El Marinabús este sábado no viaja solo: lo custodiaron dos interceptores, la Adara —nombre que significa belleza y nobleza en hebreo y árabe— y la Betelgeuse, estrella roja supergigante de Orión, que un día estallará en supernova. Un contraste cósmico para proteger a un transporte terrenal que apenas comienza a surcar la bahía, pero que carga con el peso simbólico de todo un puerto que no se rinde.
