Por: Misael Habana de los Santos
Nunca el Tianguis Turístico hacia el norte había llegado tan lejos. Incluso pisó la zona rica de Tijuana, San Diego, que, aunque la geografía dice que se encuentra en territorio estadounidense, este es más mexicano, habitado por connacionales pudientes, narcos y trabajadores, que con esfuerzo, han alcanzado el sueño americano a través de una invasión ya nada silenciosa.
Hasta aquí, donde termina/inicia la patria, llegó la fiesta creada en Acapulco, que está a 12 meses de alcanzar su madurez, cumplir 50 años, y que a gritos exige una reestructuración acorde a las nuevas reglas del mercado digital.
Aquí, donde los burros son transformados en cebras jaladas por “inditos” —según el imaginario hollywoodense— para beneplácito de gringos borrachos que perpetúan su estancia en territorio apache mediante una selfie o una Polaroid.
Y donde la prostitución, por el origen de mujeres víctimas de la trata, hace de esta ciudad una especie de Organización de Naciones Unidas del sexo-servicio.
Incluso hay un código secreto entre la jauría, un señuelo verbal para acceder a la zona de tolerancia que abarca varias cuadras del downtown. Lo sabe el taxista, el vendedor de burritos, el policía: “comida china”. Es que el prostíbulo más grande —un edificio de tres pisos iluminado con escandalosas luces de neón— se llama Hong Kong. Como este establecimiento, hay al menos otros cinco en este valle de lágrimas.
“Hasta acá hemos llegado”, me dijo un restaurantero acapulqueño recién ingresado al selecto grupo de la oligarquía cevichera. De alguna manera, beneficiario en la repesca de dólares que dejan los voraces tiburones de la industria que la presidenta municipal de Zihuatanejo, Lizeth Tapia Castro, considera limpia.
En otro momento, la alcaldesa de la Costa Grande, espigada, miembro de la dinastía priista —partido que desde su fundación ha gobernado este municipio, salvo las cuatro administraciones del PRD, que para el caso es lo mismo—, usufructuarios de la administración municipal y del dinero público como si se tratara de un derecho de sangre, habilitó a un grupo de cocineros que, con habilidad, ronquean un atún tan grande como una res, traído desde los mares del sur. Terminó en delgadas láminas y cubitos de carne roja sazonada en vino tinto, que los gourmets llaman sashimi y que la alcaldesa presumió como ingeniosa invención de los cocineros tradicionales de su tierra.
El presidente municipal de Coyuca de Benítez, Víctor Hugo Catalán, en su primera participación en la fiesta de la oligarquía cevichera —jolgorio organizado con recursos públicos por el gobierno de la 4T, al menos el que encabezan la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Evelyn Salgado—, mostró el platillo emblemático de los laguneros: el relleno de cuche estilo Coyuca. Muy diferente al de Tecpan, pero igual de sabroso. Y para no entrar en debates sobre cuál es el mejor o aquello de qué fue primero, si el huevo o la gallina, permítanme continuar narrando sobre esta emigración, en este caso económica y turística, a esta tierra de cholos con cuchillos.
Aquí en Baja California, destino laboral de miles de guerrerenses que escapan de los apremios que provoca la pobreza y se quedaron de este lado de la frontera, el presidente municipal de Coyuca encontró la solución a su dilema: cómo entregar un relleno de cuche a los comensales como se come en su tierra —saliendo del horno y con una olla de caldo con verduras y especias recogidas durante la cocción del cerdo.
Así que fue un cocinero coyuquense radicado desde hace años en TJ quien preparó y sirvió el manjar. Solo dos elementos importantes de este ritual del sabor no se pudieron lograr a cabalidad: uno, el bolillo que fue hecho ex profeso; aquí parecía una telera con la consistencia del pan Bimbo. Y otro, el cuche cuitero, que no se pudo encontrar por acá, así que se adquirió en un supermercado al estilo gringo, como los que tenemos allá.
Sin embargo, el alcalde coyuquense salvó la situación planteada acá, aunque dejó pendientes allá, en su municipio: dar solución a los excesos de su hijo, orgullo de su nepotismo.
Sergio Mejía, restaurantero de la zona de Playa Bonfil, referente en la preparación del pescado a la talla para gente fifí, sufrió para encontrar guachinangos y róbalos en los mercados de Tijuana. Finalmente, sobre la carne de una variedad de peces que habitan en aguas heladas —las cabrillas—, jugó con menjurjes y chiles molidos que, al ser untados en la carne del pescado y sobre el fuego de las brasas, logran el manjar para satisfacción de los visitantes que devoran este platillo que debe ser declarado patrimonio cultural intangible de Guerrero, de México y de la humanidad.
Welcome to Tijuana
La realidad que describe y canta Manu Chao en una de sus canciones más conocidas sigue siendo actual en este monstruo de cemento donde se consume la birria al horno:
“Tequila, sexo, marihuana / Welcome to Tijuana / Con el coyote, no hay aduana…”
Allá el muro, fortalecido más que con metal, con discursos xenófobos. Pero con el coyote la gente va y viene como si estuviera en su casa, en su tierra.
A unas horas de haber bajado del avión, la delegación del gobierno de Guerrero —integrada por unas 300 personas que vino a TJ a recibir la estafeta del Tianguis Turístico 50, que se realizará en 2026 en Acapulco y otros puntos turísticos del estado—, asesinan a balazos a dos guerrerenses: un expolicía federal y su esposa, dedicados oficialmente a la renta de grúas. Para un policía de tránsito de aquí, originario de San Marcos, Guerrero: “el paisa andaba en algo turbio”.
Tijuana es una ciudad turística que no necesita promoción, dicen prestadores de servicios. Pero sí es una ciudad de paso y de fin de semana para gringos de clase media baja en busca de drogas, comida china y alcohol, aunque la violencia ha disminuido su migración finsemanal y muchos han dejado de cruzar la frontera en sentido inverso a los indocumentados.
Aunque no hay consenso sobre la vuelta del Tianguis a su sede original, sí hay mayoría entre las empresas del ramo que quieren que la fiesta anual regrese a Acapulco: por su cercanía, por bajar costos y por la calidad de los servicios en la industria del ocio y el tiempo libre.
El evento de este año, con sede principal en el Baja California Center, ubicado en Playas de Rosarito entre Tijuana y Ensenada, lo menos que puedo decir es que ha sido desangelado. Y que la fiesta la han hecho los guerrerenses —muchos de los que integran la delegación—, sobre todo los prestadores de servicios turísticos que, me dicen, han venido con sus propios recursos.
Y también hay que reconocer que la gente de la industria del turismo en Acapulco son PhD en la organización de Tianguis, y lo demuestran donde llegan: stands amplios, abundante información, muestras gastronómicas, conferencias de prensa continuas. Aquí el reconocimiento al secretario de Turismo, Simón Quiñones, que ha movilizado a estos guerreros en tierras norteñas para conquistar la feria como los soldados de Villa lo hicieron por botín la vez que cruzaron la línea.
Los Hanks, los Cholos y el Tianguis
Un acapulqueño de los muchos que viven aquí, Fernando Calzada —hijo de Toño Calzada y de Martha Adame— nos hizo un recorrido por estos lares. Este paisano es una muestra de los sureños que vinieron acá a buscar oportunidades y encontraron la felicidad y el éxito. Estaba feliz de ver a sus cuates y fue un guía extraordinario para conocer las tripas y corazón de la ciudad donde vive.
En esta tierra de migrantes, los acapulqueños —meseros, cocineros, choferes, policías, sexoservidoras, soldados, guardias nacionales, taqueros, restauranteros— han venido del rumbo y acá han nacido sus hijos.
Lo más espectacular del Tianguis, y que me hizo recordar que estaba cubriendo periodísticamente eso, fue la cena-fiesta-peda sobre el césped cubierto con lonas del estadio rojo de los Xolos, propiedad del empresario Jorge Hank, nieto del maestro priista Carlos Hank, inventor de los fraudes electorales con marca propia: “Atlacomulco para el mundo”.
Desde las zonas de palco, Bostich + Fusible (Nortec) hicieron sonar la tambora, la tuba y los sintetizadores que movieron a una parte importante del público —al menos unas 3 mil personas— que hicieron de la danza el juego del hombre sobre el “rectángulo sagrado” como lo llaman los cronistas deportivos de la caja idiota. Cinco temas y bailó, valió, Bertha.
Y llegó la guevez del ritmo de Reik, que hizo que la mayoría se entregara a la música de este popero que suele sonar como fondo en las tiendas 3B.
Antes, la cena y la ceremonia. Bocadillos diversos preparados por chefs de Baja Sur. La ensalada tijuanense buenísima, las hojas de lechuga bañadas con el aderezo creado en TJ: un éxito. La ensalada César, bendecida por la lengua de Marilyn Monroe y Frank Sinatra. Ellos le hicieron fama y desde entonces se echó a dormir en sus laureles de hojas verdes y tiernas de lactuca sativa.
Ella, como una reina del sur, vestida de negro con discretos pero coloridos telares amuzgos, recibió la estafeta y la responsabilidad de organizar en 2026 una fiesta sin precedentes. Prometió: “Vamos a echar la casa por la ventana”. Así lo dijo la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado Pineda, que a lo largo del día había desarrollado múltiples actividades de promoción y negocios para Guerrero.

“Es bonita tu gobernadora”, me dijo la directora de La Jornada Baja, Mireya Cuéllar. Yo respondí con el primer lugar común que paseaba entre una multitud de jóvenes advenedizos a la industria turística y que solo querían divertirse: “Lo que se ve no se juzga”. A esa altura del discurso, ella imperaba ahí, desde el discurso.
Mientras otros jóvenes, lejos de aquí pero cercanos a nuestro corazón —los estudiantes de Ayotzinapa— habían manifestado su justa rabia en una caseta de la Autopista del Sol para exigir justicia. Valor que escasea, como la comida, por acá.
Por ello propongo incluir la historia social de Guerrero como foco de interés turístico. Si los alemanes reciben millones de turistas al año por vender su historia —campos de exterminio, edificios destruidos por la violencia, etc.—, Guerrero tiene mucho historia social y violenta que ofrecer.
Al fin y al cabo, no solo de sol, sexo, arena y discoteca vive el turismo. La oligarquía cevichera de siempre jamás lo permitirá. El dinero del negocio , de las derrama de fin de temporada es de ellos y solo ellos, la pobreza de nosotros.
