Dicen que la arquitectura es el reflejo de la sociedad que la produce. Si eso es cierto, el brutalismo nos dice que hubo un tiempo en el que los arquitectos decidieron que lo mejor era levantar bloques de concreto con la sutileza de un tabique cayendo desde un tercer piso.
El vida de Marcelo Lajos Breuer( 1902-1981) arquitecto y diseñador industrial húngaro de origen judío fue llevada al cine por Brady Corbet, director de ‘The Brutalist’, premiada con dos Oscares de la Academia.
Uno de los principales maestros del Movimiento Moderno que mostró un gran interés por la construcción modular y las formas sencillas.
La película estadunidense es un drama épico inspirado vagamente en la vida y obra del arquitecto de origen judío emigrado a los Estados Unidos después de brincar la persecución y los campos de concentración nazis.
Este estilo arquitectónico nació a mediados del siglo XX, cuando el mundo estaba ocupado reconstruyéndose después de la guerra.
En lugar de florituras y adornos innecesarios, los brutalistas apostaron por el hormigón expuesto, las líneas geométricas implacables y la funcionalidad por encima del buen gusto. Lo llamaron béton brut, que en francés significa “hormigón crudo”, aunque en la práctica se traduce como “edificio que parece cárcel soviética”.
Su auge se dio entre los años 50 y 70, y lo adoptaron gobiernos, universidades y urbanistas bienintencionados que creían que el concreto era la solución a los problemas de vivienda social. ¿Feo? Tal vez. ¿Práctico? Depende. ¿Barato? Eso decían.
El brutalismo en México: cuando el concreto se puso de moda
México no se quedó atrás. Entre funcionalistas y muralistas, el brutalismo se coló en las universidades, en las unidades habitacionales y en las oficinas de gobierno. Aquí algunos ejemplos de cómo se materializó la “brutalidad arquitectónica” en el país:
• Biblioteca Central de la UNAM (1956) – El mural de Juan O’Gorman se lleva toda la atención, pero la estructura es un homenaje al brutalismo, con su macizo de concreto dándonos cátedra de resistencia y austeridad.
• Unidad Habitacional Nonoalco-Tlatelolco (1964) – Mario Pani aplicó el manual del brutalismo a la vivienda social: bloques de concreto, geometría rígida y la promesa de una vida digna entre pasillos de ecos interminables.
• Centro Cultural Universitario Tlatelolco (1976) – Antes Secretaría de Relaciones Exteriores, hoy centro cultural. Un monumento al concreto diseñado por Pedro Moctezuma Díaz Infante.
• El Colegio de México (1976) – Abraham Zabludovsky y Teodoro González de León llevaron el brutalismo a la academia con un edificio de líneas duras y concreto omnipresente.
• Museo Tamayo (1981) – También de Zabludovsky y González de León, un museo que parece camuflarse en el bosque de Chapultepec con su concreto sólido y formas geométricas.
El brutalismo en México tuvo su momento, se mezcló con el muralismo y el funcionalismo, y dejó edificios que hoy algunos ven con nostalgia y otros con ganas de pasarles una capa de pintura. Su legado sigue en pie, firme, como un testigo de que hubo un tiempo en el que el concreto mandaba y el ornamento era pecado.
Y ahora, gracias a Hollywood, el brutalismo vuelve a estar en boca de todos con la película El Brutalista. Quizá es hora de revalorarlo, o al menos de aceptar que, nos guste o no, ahí está, imponente y sin disculparse.
Por: Misael Habana de los Santos
