Misael Habana de los Santos

Mientras el candidato naranja caminaba sonriente rumbo al Palacio Municipal del Parque Papagayo, envuelto en porras, selfies y esa liturgia tropical donde algunos políticos se sienten predestinados a gobernar Acapulco apenas descubren el eco de un micrófono, en Morelos comenzaba a derrumbarse otra postal del poder mexicano.

Y entonces apareció el dato incómodo.

El político emecista Sergio Montes Carrillo recordó en una publicación de Facebook que aquel aspirante acapulqueño que todavía sueña con la alcaldía presumía cercanía con personajes hoy involucrados en la llamada Operación Enjambre.

La historia dejó de ser simple grilla cuando el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, confirmó que varios detenidos en Morelos están vinculados al Cártel de Sinaloa.

Entre los nombres que comenzaron a circular destaca el de Jesús Corona Damián, ex presidente municipal de Cuautla, quien llegó al poder impulsado por la vieja coalición PRI-PAN-PRD y cuya imagen fue utilizada públicamente durante la pasada campaña de Yoshio Ávila, el político que hoy navega sin partido pero que todavía intenta mantenerse flotando en las aguas agitadas de la política acapulqueña.

Las fotografías existen.
Los saludos también.
Y la memoria digital suele ser más cruel que cualquier adversario político.

Porque en tiempos donde las fiscalías siguen rutas financieras, vínculos políticos y redes de protección municipal, las imágenes de cercanía dejan de ser simple propaganda electoral y empiezan a adquirir otra dimensión.

La Operación Enjambre no es un asunto menor.

Las autoridades federales detuvieron a alcaldes, ex alcaldes, funcionarios y empresarios acusados de extorsión, tráfico de armas, delincuencia organizada y apropiación indebida de bienes públicos. Además, se ejecutaron cateos en Morelos y Querétaro, mientras continúan las investigaciones sobre estructuras políticas presuntamente infiltradas por grupos criminales.

El expediente apunta hacia Júpiter Araujo Bernard, alias “El Barbas”, identificado como operador del Cártel de Sinaloa en la región oriente de Morelos y Baja California.

Y en medio de esa tormenta judicial, algunos nombres de la política costeña comienzan a aparecer salpicados, aunque sea por la simple imprudencia de haber querido presumir relaciones que hoy resultan tóxicas.

Porque hay políticos que durante las campañas creen que cualquier fotografía suma poder.

Hasta que un día la misma fotografía comienza a parecer ficha criminal.

Acapulco ya conoce demasiado bien esa película.
Empieza con abrazos, termina con cateos y casi siempre deja un silencio incómodo en los pasillos del poder tropical.

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