Por: Misael Habana de los Santos

Lo habíamos comentado aquí alguna vez —los que nos siguen con regularidad lo recordarán—: la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco, la famosa CAPAMA, ese elefante blanco que alguna vez fue un organismo con poder económico, hoy es una muestra más del colapso institucional en este puerto.

Haciendo un poco de historia, CAPAMA recaudaba millones por el suministro de agua potable. Lo sigue haciendo, aunque la cartera vencida se haya inflado como tumor. Clientes no faltan: los de antes y los nuevos. Y como todo lo que genera flujo de dinero en este país, terminó corrompido hasta el tuétano. Hubo corrupción y sigue habiéndola.

CAPAMA fue durante años una plataforma de despegue político. Desde ahí se fabricaron carreras públicas. Hay que recordar a los Rogelio de la O, a los Añorve Baños, los Torreblanca Galindo, los Salgado Macedonio de los tiempos del PRD. Todos pasaron por ahí, todos metieron mano. La leyenda urbana decía que CAPAMA era la caja chica del PRI. Pero bien supieron compartirla con sus adversarios cuando fue necesario.

Uno de los últimos en pasar por esa oficina con vista al desastre fue Evodio Velázquez Aguirre. Y la historia es la misma: el presidente municipal en turno coloca a sus amigos, a sus parientes, a sus novias y amantes. El organismo daba para eso y más. Porque CAPAMA no era solo agua: era flujo, era nómina, era caja y era alcantarilla.

El sindicato también tuvo lo suyo. Líderes con fortunas inexplicables, redes familiares que tejieron relaciones hepáticas —como alguien atinadamente dijo—, porque en CAPAMA había billete, mucho billete.

Y llegamos al presente. El señor Hugo Lozano —su último gerente— ha sido señalado en medios por presumir vehículos de lujo, ropa de diseñador, cadenas como de videoclip, como si el cargo viniera con alfombra roja. Lo cierto es que se comportó como nuevo rico de manual, intentando simular un estatus que el servicio público no debería ofrecer.

Todo esto ha contribuido al desastre operativo del organismo. No solo ha empeorado el servicio —cada vez hay menos agua en las colonias populares y los drenajes revientan en plena calle—, sino que se ha convertido en un ejemplo de cómo se arruina una institución cuando se administra sin preparación, sin perfil, sin conocimiento técnico.

Porque eso ha pasado en CAPAMA: se ha puesto al frente a gente sin formación, sin oficio ni beneficio más allá de la lealtad política o la amistad. Y así no se puede. Para dirigir CAPAMA se necesita conocimiento técnico, formación hidráulica, responsabilidad administrativa y visión de servicio. No basta con saber a quién invitar a la próxima comida.

Por eso es acertado —aunque tardío— el movimiento de la presidenta municipal Abelina López Rodríguez para cambiar la dirección de CAPAMA. Pero es un primer paso. Si el reemplazo carece también de preparación, de nada sirve. La oposición ya afila cuchillos, son pequeños, es cierto, pero persistentes y Están atentos a cada error para convertirlo en campaña.

Lo que debería hacer la alcaldesa es aprovechar esta coyuntura para nombrar a un encargado provisional mientras se encuentra un perfil técnico, avalado por la Comisión Nacional del Agua si es necesario, que pueda hacer una cirugía mayor al organismo, detener el huachicoleo del agua —porque también existe— y enfrentar a los empresarios que no pagan lo que deben: hoteleros, restauranteros, vivales del suministro.

El reto es enorme. Y lo que se necesita es un equipo nuevo, con preparación y sin compromisos, que rinda cuentas y limpie esa cloaca administrativa que se ha convertido en la CAPAMA. Si lo logra, Abelina sumará puntos políticos importantes y le dará un respiro a un municipio sediento, literalmente.

Ojalá se escuche este llamado y, en los próximos días, se nombre a una persona con perfil técnico, capacidad comprobada y sin vínculos clientelares. No es un favor: es una urgencia.

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