Esperábamos con moderada preocupación el anuncio que haría el gobierno de Estados Unidos para el resto del mundo, en especial para quienes aún creen en eso del “libre comercio”. Se trata de impuestos y aranceles, una cuestión menor, apenas una formalidad que mantiene en vilo a países enteros. Pero qué tranquilidad nos dará saber qué nuevos tributos nos impondrán y en qué sectores, para así poder dormir en paz. No podemos vivir con la espada de Damocles —o de Trump— sobre nuestras cabezas, porque eso genera tensión, y ya sabemos que las tensiones afectan los mercados y, por supuesto, al ánimo de los inversionistas, esos seres tan sensibles.

Otro asunto de primera importancia es la reforma judicial. Aquí hay que ser muy cuidadosos en la selección de los nuevos jueces y magistrados. ¿Qué criterios debemos tomar en cuenta? Algunos dirán que basta con que sean abogados preparados, con títulos de universidades prestigiosas. Yo digo que no. No queremos meros especialistas en leyes, sino personas con compromiso social, con un sentido de la justicia que vaya más allá de códigos y normativas. No queremos tecnócratas del derecho; queremos gente que lo aplique con ética, con conciencia, con sensibilidad.

Porque si no, ¿para qué los queremos? Para seguir teniendo un Poder Judicial donde los magistrados se alían con los poderosos, donde la justicia es un negocio para quien puede pagarla. Ejemplo reciente: la defensa al señor Salinas de TV Azteca. Eso no es justicia, eso es simple mercenarismo jurídico. Y para eso no necesitamos más abogados de bufete, sino defensores de causas populares, abogados que entiendan que este país no pide misericordia, sino justicia.

Queremos jueces cultos, con criterio, que no vean la ley como un conjunto de artículos fríos, sino como una herramienta para equilibrar la balanza social. ¿Quiénes pueden ser los candidatos? Gente con historial de lucha, personas que hayan defendido a campesinos,como los de Aguas Blancas, que hayan estado con los normalistas de Ayotzinapa, que hayan resistido junto a los movimientos sociales. No necesitamos más operadores del poder, sino garantes de derechos.

Y ojo, hay que tener claridad sobre quiénes sí y quiénes no. No podemos darle espacio a quienes han sido cómplices del viejo régimen judicial, a quienes han utilizado la ley para aplastar a los más débiles. Porque al final, los ricos ya tienen poder y dinero; quienes necesitan justicia son los que no tienen nada. Esto no es una cuestión académica, sino un debate político y social de fondo.

También debemos conocer a los aspirantes. Pronto iremos mencionando nombres, pero ya adelanto uno: Lenia Batres, con una trayectoria de lucha social, de apoyo a sindicatos democráticos y a movimientos estudiantiles. Ahí hay una posibilidad.

Homenaje a los empresarios del Baby’O

Y ya que hablamos de justicia, hablemos de algo que también clama al cielo: el evento del pasado fin de semana, organizado por la Secretaria de Turismo Municipal. Un homenaje a un empresario conocido como “Gardel”, dicen. Pero, en realidad, una pasarela para ciertos “empresarios” y vividores de los recursos públicos ahora disfrazados de mecenas culturales(¡Jejeje!).

Me pregunto: ¿cuántos de los que aplaudieron en el teatro Sinfonía del Mar han pisado alguna vez el Baby’O? ¿Cuántos acapulqueños han entrado ahí? Seamos serios: el Baby’O es un centro de exclusión económica y racial. La entrada no está prohibida, pero el filtro es claro: no es un lugar para la gente de a pie.

Y entonces, ¿por qué el Ayuntamiento usa dinero público para rendir tributo a los impulsores del clasismo y la discriminación en Acapulco? Si los quieren homenajear, que lo hagan entre ellos, con su propio dinero, en sus velarías privadas y sus círculos exclusivos. Pero no con recursos del pueblo.

¿Por qué no un homenaje a Lucio Cabañas, a Genaro Vázquez, o a José Agustín, quien hizo más por la cultura de Acapulco que todos los empresarios del Baby’O juntos? Pero no, parece que aquí el mérito lo determina el acceso a la zona VIP, no la contribución real a la sociedad.

Y, además, ¿qué tiene que ver la música disco con la identidad de Acapulco? No tengo nada contra ella, pero que no nos quieran vender la idea de que el Baby’O representa a los acapulqueños. No lo hace. Representa a una élite que vive de espaldas al pueblo, que disfruta de la ciudad sin mezclarse con ella.

Para documentar nuestro pesimismo.

La discoteca Baby’O en Acapulco ha sido objeto de denuncias públicas relacionadas con discriminación y maltrato. En octubre de 2019, el actor Rodrigo Vidal acusó al establecimiento de trato prepotente y discriminatorio, afirmando que, junto a su esposa y madre, se les negó la entrada después de esperar más de dos horas, a pesar de que ya no había fila.

Sin embargo, posteriormente surgieron versiones contradictorias. El propietario del Baby’O presentó videos que mostraban a Vidal y sus acompañantes ingresando al lugar y pagando la entrada, sugiriendo que el actor sí había accedido al establecimiento. Esto llevó a que algunos medios cuestionaran la veracidad de la denuncia de Vidal.

Además, en septiembre de 2014, se reportó que un turista de la Ciudad de México denunció haber sido golpeado por el dueño del Baby’O y dos empleados. Según la información, el turista fue agredido dentro de la discoteca y posteriormente abandonado en la calle, donde recibió atención médica.

Estas denuncias han generado preocupación sobre las prácticas y el trato hacia los clientes en el Baby’O.
Ojalá y el secretario de turismo, Noé Peralta , entienda que trabaja para un gobierno electo democráticamente al que el pueblo le encomendó transformar, incluso, la forma de entender el turismo. Este gobierno no es del PRI es Morena. Habría que hacer la diferencia,

Por: Misael Habana de los Santos

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