Es un día importante: este 3 de abril ha quedado marcado como una jornada clave para México. Más allá del ruido técnico sobre los aranceles, lo que presenciamos fue una inusual y significativa muestra de unidad nacional en respaldo a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum. Un acto político de gran calado, inédito en los últimos años, que reunió a todos los poderes del Estado mexicano.

Estuvieron presentes:
• La Cámara de Diputados y el Senado, con participación de todas las fuerzas políticas.
• El Poder Judicial, representado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
• El Ejecutivo federal, junto con gobernadoras y gobernadores de las 32 entidades.
• Diputadas y diputados de todos los distritos del país.
• Además de líderes de comunidades indígenas, colectivos feministas, organizaciones de la diversidad sexual, empresarios, campesinos, sindicatos y académicos.

Un acto de esta envergadura no se veía desde los momentos más críticos de la pandemia por COVID-19 o desde la renegociación del T-MEC, el tratado comercial que hoy vuelve a estar en el centro del debate.

¿Por qué ahora?

Todo comenzó hace una semana, cuando la Casa Blanca amagó con imponer un aumento de aranceles a productos mexicanos, bajo el argumento de un supuesto “desequilibrio comercial” y una “competencia desleal” en sectores clave como el acero, el agro y los semiconductores. Aunque el anuncio fue matizado días después, el mensaje quedó claro: Estados Unidos vuelve a usar los aranceles como arma política, como ya lo hizo Donald Trump en 2019 para presionar sobre el tema migratorio.

Hoy, la amenaza tiene otro rostro: elecciones presidenciales en EE. UU., presiones internas y una economía global en tensión.

¿Qué está en juego?

Mucho. México depende fuertemente del comercio exterior. Más del 80 % de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos. Según datos del INEGI, en 2023 México exportó a su vecino del norte mercancías por más de 530 mil millones de dólares, posicionándose como su principal socio comercial, superando incluso a China.

Los sectores más expuestos a un escenario arancelario son:
• Industria automotriz: representa más del 20 % del total exportado y genera más de un millón de empleos directos.
• Agroindustria: aguacate, berries, tequila, carne y cerveza son productos altamente vulnerables.
• Tecnología y manufactura: componentes electrónicos, pantallas, chips y electrodomésticos que se ensamblan en México para las grandes marcas internacionales.

Un aumento arancelario del 5 al 10 % tendría un impacto directo en precios, empleos y cadenas de suministro, afectando no solo a México, sino a la región entera de América del Norte.

El papel del T-MEC

El T-MEC —firmado en 2020 tras una renegociación impulsada por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador— establece mecanismos de resolución de controversias. México puede apelar a paneles internacionales si se detectan violaciones. De hecho, ya hay antecedentes en disputas por temas energéticos y biotecnológicos.

Pero más allá de la letra del tratado, está la diplomacia. El mensaje político de esta reunión es contundente: México no está dispuesto a ceder soberanía bajo presión. Se defiende el libre comercio, sí, pero también el derecho a decidir sus políticas internas sin chantajes disfrazados de medidas económicas.

Entre pingüinos y realidades

Mientras tanto, hay historias que rozan lo absurdo. Recientemente se supo que Donald Trump, durante su mandato, impuso aranceles del 10 % a dos islas del océano Índico, Heard y McDonald, ubicadas al sur de Australia. Islas deshabitadas, habitadas solo por pingüinos y focas, fueron incluidas en la lista negra comercial del expresidente. ¿La razón? Nadie la sabe. Pero ilustra el tipo de decisiones impulsivas que pueden alterar la economía global.

Y sí, ante eso uno se pregunta: ¿para reír o para llorar?

El fondo del asunto

La reunión de este 3 de abril no fue un simple acto simbólico. Fue un mensaje. Claudia Sheinbaum se posiciona como una figura de liderazgo en tiempos de incertidumbre internacional. Se anticipa a la crisis, consolida respaldo interno y envía una señal a Washington: México no será rehén político ni económico de ninguna potencia.

Hoy más que nunca, la unidad nacional no es retórica. Es estrategia.

Por: Misael Habana de los Santos

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