Le pregunté a la inteligencia artificial (IA) sobre la cultura del consumo de drogas en Acapulco y la discoteca Baby’O.
El cuestionamiento surgió tras el reconocimiento que grupos privados, con nexos en el erario y de la mano con autoridades, hicieron públicamente a la cultura discotequera y, en especial, a los creadores de Baby’O.
Si contrastamos la información proporcionada por la IA con las políticas públicas y las acciones del gobierno federal para combatir el fentanilo y otras drogas, pareciera que lo que hacen las autoridades locales va en sentido contrario.
Mientras el gobierno federal combate el consumo de cualquier estupefaciente y la cultura que lo rodea a través de diversas estrategias, acá, por los mares del sur, las autoridades locales exaltan, reconocen y festejan expresiones que han estado vinculadas al consumo de drogas, al hedonismo, propio de la cultura de los sectores sociales y económicos altos, el turismo blanco, el “jet set” que añora la oligarquía cevichera.
Pero veamos lo que dice la IA sobre la cultura generada por el turismo en los alrededores de la Bahía de Santa Lucía:
“La discoteca Baby’O de Acapulco fue durante décadas un ícono del turismo de élite y la vida nocturna del puerto, frecuentada por celebridades, empresarios y políticos. Sin embargo, su historia también ha estado rodeada de rumores y señalamientos sobre el consumo y la circulación de drogas en sus instalaciones, reflejando un problema más amplio en la cultura del entretenimiento y el turismo de lujo en la ciudad.
El consumo de drogas en Acapulco no es un fenómeno nuevo. Desde los años 80 y 90, el puerto ha sido un destino donde el dinero, el turismo y la fiesta han convergido con el narcotráfico. En lugares exclusivos como Baby’O, se normalizó el acceso a sustancias ilegales como parte del estilo de vida de las élites. Aunque oficialmente no hubo escándalos que comprometieran directamente al club con el narcotráfico, testimonios y versiones no oficiales han señalado que su exclusividad servía como un filtro para clientes ‘seguros’, entre ellos figuras del poder político y económico.
La cultura del consumo de drogas en Acapulco se vio reforzada por la presencia de grandes cárteles en la región, que a partir de los 2000 comenzaron a disputarse el control del puerto. Con la creciente violencia, la dinámica del turismo y la fiesta cambió, afectando incluso a clubes emblemáticos. En 2021, el incendio de Baby’O, presuntamente provocado, fue interpretado como una señal de que ni siquiera los espacios de lujo estaban exentos de la disputa entre grupos criminales.
El caso de Baby’O es un reflejo de cómo el consumo de drogas ha estado vinculado al turismo de alto nivel en Acapulco, una ciudad donde el ocio, el poder y el crimen organizado han coexistido por décadas.”
El gobierno federal de México ha implementado diversas estrategias para combatir las adicciones y la narcocultura. Entre las más relevantes se encuentran:
• Estrategia Nacional para la Prevención de Adicciones (ENPA): Un programa encabezado por la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación Pública que busca prevenir el consumo de drogas en jóvenes mediante educación, actividades deportivas y promoción de la salud mental.
• Campaña “Si te drogas, te dañas”: Una iniciativa del gobierno federal para advertir sobre los riesgos del consumo de drogas sintéticas, en especial el fentanilo, con spots en medios de comunicación y redes sociales.
• Operativos contra el tráfico de drogas: A través de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la Marina y la Guardia Nacional, el gobierno ha intensificado la incautación de fentanilo y otras sustancias ilegales en puertos, aeropuertos y carreteras.
• Prohibición de canciones y contenidos que fomenten la narcocultura: En algunos estados se han impulsado restricciones a la música de narcocorridos y otros contenidos que glorifican la violencia y el consumo de drogas.
• Campañas en comunidades vulnerables: Programas de intervención en zonas con alta incidencia delictiva para ofrecer alternativas a jóvenes en riesgo de caer en adicciones o redes criminales.
Muchas preguntas surgen a partir de esta información generada por la IA y de las acciones del gobierno federal. Entre ellas, una en particular: ¿La exaltación de esta cultura, sus manifestaciones y sus actores por parte de las autoridades locales está en sintonía con lo que pretende el gobierno federal a través de sus campañas contra la narcocultura?
Y más aún, ¿se están tomando las decisiones correctas para enfrentar la violencia que azota a diario al puerto, esa que, según las mismas autoridades, es provocada por las disputas entre el crimen organizado?.
Por: Misael Habana de los Santos
