Y ahora resulta que el diputado Joaquín “Jacko” Badillo, además de doctor, empresario de seguridad, animador de foros parlamentarios y experto en redes sociales, también es el fiscalizador supremo del alma pública. Desde su curul y con toga invisible, reparte culpas, enjuicia intenciones y manda a la hoguera presupuestal a la alcaldesa de Acapulco por no comprobar —según él— 898 millones de pesos del FAISMUN.
Con tono de sermón y gesto de apóstol tropical, Jacko acusa a la presidenta Abelina López de evadir responsabilidades, confundir al pueblo y esconderse detrás de una auditoría equivocada. No es la ASF, dice; es la ASE. No son 3.7 millones en servicios personales; son 898 millones en obra pública. No es transparencia, es simulación. Y si no lo entiende, que lo explique su pareja sentimental, los bots o el artista Xavi, cuyo contrato, por cierto, también lo indigna. https://www.facebook.com/share/p/16SnC7hoWW/
Pero más allá del mar de cifras, siglas y oficios, lo que Jacko intenta —y no lo disimula— es colocarle a la alcaldesa el uniforme de Juana de Arco pirata para después prenderle fuego mediático en la plaza pública digital. Porque esto no va solo de auditorías; va de 2027, de candidaturas, de quién se queda con Morena en Guerrero. Y como ya lo dijo la gran presidenta de la República, “si hay observaciones, que se resarzan”. Pero a Jacko no le bastan las palabras de la doctora Sheinbaum; necesita convertir cada comentario presidencial en daga contra la alcaldesa que —dice él— no la apoyó en el proceso interno. A confesión de parte, relevo de pruebas.
¿Alguien de la izquierda neta podría poner en su lugar a este saltimbanqui de la lacustre política cevichera? Ahora es más morenista que, por ejemplo, Eloy Cisneros. La comparación, en sí misma, es de risa (jejeje)
Desde el púlpito legislativo, Jacko confunde deliberadamente competencias jurídicas. Omite que la ASF es la única facultada constitucionalmente para auditar recursos federales desde la reforma de 2021. Ignora el oficio oficial que dejó claro que la ASE no puede —ni debe— fiscalizar los dineros del FAISMUN sin convenio. Pero eso da igual: el punto no es la legalidad, es la narrativa.
Y ahí Jacko gana por puntos: es rápido, escandaloso y efectivo. Bueno, su amanuense. Tacha a la presidenta de no rendir cuentas, la vincula con bots, la acusa de pagar conciertos con dinero público y termina concluyendo que mientras ella suma para sí misma, él suma para el pueblo. ¡Qué generosidad!
A todo esto, no hay pruebas fehacientes, no hay sentencias, no hay resoluciones firmes. Solo hay fuego, acusación y ruido. El diputado-presidente de la Comisión de Presupuesto convierte el Congreso en una cabina de transmisión política: desde ahí reparte moral, lanza misiles administrativos y se perfila, sin decirlo, para lo que venga. Porque, al final, esto no se trata de comprobar millones, sino de acumular votos.
Así que si usted escucha que Jacko fiscaliza, revise bien si lo que audita es dinero público o las aspiraciones de quien hoy ocupa la silla que mañana —quién sabe— podría ser suya.
Por: Misael Habana de los Santos
